
Revista Cognosis. Revista de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación ISSN 2588-0578
EL HÁBITO DE LA LECTURA COMO MEDIO DE APRENDIZAJE DE UN NUEVO IDIOMA
Vol. V. Año 2020. Número 1, Enero-Marzo
cuanto venimos con malos hábitos lectores desde el seno de la familia; tal vez
porque nuestros padres no han sido educados con estos principios, tal vez por
falta de que nos inculquen lo positivo de saber leer, posiblemente porque en
nuestros hogares nunca hemos visto el ejemplo, puede ser porque nunca vimos
a nuestros padres ejecutando este tipo de actividades, o por falta de que nos
incentiven y enseñen la importancia de leer; quizá también porque cuando
llegamos a la escuela nos encontramos con docentes que no tienen una buena
didáctica para enseñar a leer o porque simplemente, como se escucha a diario,
“a mí no me gusta leer”, sea cual fuere el motivo, en nuestra cultura es poco lo
que cada persona lee en el transcurso de su vida.
DESARROLLO
En la actualidad es difícil hablar de lectura sin implicar un conjunto de
procesos cognitivos, contextuales, emotivos, volitivos, afectivos u otros. Es uno
de los principales temas de estudios de la psicología, la educación, la
comunicación, la lingüística y la sociología, entre otras áreas disciplinares
desde el siglo pasado. Así podemos encontrar conceptos y enfoques muy
diversos, que aportan un acercamiento a elementos, como los lingüísticos,
control y autocontrol, los psicolingüísticos, los productivos y receptivos;
elementos esenciales para acercarnos a la lectura como proceso, (Goodman
1982). Bajo este enfoque podemos notar que no todos leemos de la misma
manera, sino que influyen distintos factores en el lector que dan sentido y
significado al texto a leer. Entonces, acorde a lo expuesto por Goodman, la
lectura no es sólo descifrar un escrito, sino que es algo más complejo que lleva
implícito el mundo psicológico del lector, la realidad social en que se realiza el
acto de leer y las características propias que posee el mismo escrito.
Desde esta consideración y gracias al aporte de Alegría (2006), podemos darnos
cuenta que el estudiante lector de hace diez o quince años atrás no es el mismo
que ahora está en las aulas universitarias. El estudiante, hoy, lleva en su
mochila una extensa biblioteca digital y un conjunto de herramientas que le
facilitan el aprendizaje escolar, mientras que el lector-estudiante de hace
quince años tenía que vivir en la biblioteca con unos cuantos libros, el lápiz y
su libreta de apuntes. Esta disparidad, en uno y otro, nos hace retomar el
concepto de literacidad que plantea Daniel Cassany (2005) en relación al
concepto de lectura.
En este sentido, hablar de literacidad es hablar de un nuevo lector que se ve
afectado por el alto desarrollo de las TIC (Tecnologías de Información y
Comunicación), el fácil acceso a la información y las nuevas formas de relación
social. Ante este nuevo escenario, como lo indica Avellaneda (2002), se deben
desarrollar en el estudiante habilidades de comprensión lectora más allá del
simple descifrado de signos en un escrito. Pero, ¿cuáles pudieran ser estas
habilidades de comprensión lectora en un mundo digitalizado? Ente caso,
podríamos hablar de la habilidad para buscar y utilizar la información, o la
habilidad de mezclar y usar escritos en otros lenguajes, la habilidad para
ampliar el aprendizaje adquirido en las aulas, la habilidad para aprender a