
Revista Cognosis. Revista de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación ISSN 2588-0578
Orientación educativa a familias disfuncionales para favorecer el aprendizaje en primer año de Bachillerato Técnico
Vol. VII. Año 2022. Edición Especial, enero
La familia moderna también está conformada por progenitores solos, que
conviven sin casarse, niños adoptados, madrastra o padrastro en una nueva
familia ensamblada, padres del mismo sexo, e incluso un niño puede llegar a
tener hasta 5 progenitores en lugar de los dos habituales, dichos progenitores
pueden incluir un donante de ovulo, un donante de semen, una gestante, y dos
progenitores sociales quienes se encargarán de la crianza del menor que serán
llamados papá y mamá (Golombok, 2016).
Antiguamente las familias vivían en comunidades, se ayudaban mutuamente
en la formación y crianza de los niños. Ahora la formación familiar es diferente,
debido a que el mundo cada vez es más diverso, por lo que la familia tiene que
discernir más lo que puede y debe hacer (Vidal, 2017).
Independientemente de la diversidad de familias que pueda existir, este grupo
es y seguirá siendo parte muy importante del crecimiento, de los aprendizajes,
de las habilidades y del comportamiento de cada persona. Asimismo, hay
factores que influyen en el cumplimiento de sus funciones. entre ellos está:
nivel educativo, nivel económico, adicciones, separaciones de los padres y uso
de la agresividad, fundamentalmente. Es observación de las autoras la
repercusión en el área académica de los hijos.
Se tiene en cuenta, además, que la etapa de la adolescencia es muy importante
en la formación de la identidad personal, la seguridad, la confianza en sí
mismo, la autoestima y los proyectos de vida, entre otras configuraciones
psicológicas que repercuten en el acto de aprender. La familia y la escuela
ejercen una significativa influencia en este sentido, pues ofrecen información,
conocimientos, enseñan mecanismos de comunicación y crean lazos de
afectividad indispensables. Entre las partes se da una responsabilidad
compartida, las instituciones educativas no pueden sustituir a las familias, ni
viceversa. Sin embargo, se asume que este proceso, puede ser asesorado por los
educadores.
El reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud (2020) de 1000
millones de niños de entre 2 y 17 años en el mundo, víctimas de abusos físicos,
sexuales, emocionales o abandono, hace que esta temática requiera de una
atención especializada. A nivel nacional, el Observatorio Social del Ecuador
(2018) revela, que el 33% de los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años han
sido maltratados por sus padres. Esto constituye una manifestación muy
preocupante de la disfuncionalidad familiar. Dicho problema ha generado la
creación de leyes, planes de acción, servicios de apoyo y un creciente número
de medidas de prevención de la violencia. Todavía resultan insuficientes, por lo
que se propone incrementar la orientación educativa e insistir en la
intervención desde la institución escolar.
La presente investigación refleja el estudio de un grupo de familias
disfuncionales, caracterizadas por dificultades en la comunicación, maltrato
físico y emocional, falta de preocupación y control sobre sus hijos, adicciones y
abandono. Estas manifestaciones se relacionan con las dificultades en el