narración; permitir que los niños participen en decisiones educativas, como que
actividad desarrollar en el día; demostrar que los niños son importantes y por
ende sus ideas también, así se sentirán seguros de expresar lo que piensan sin
temor a las reacciones de los demás; realizar la comunicación de forma oral y
escrita, por lo que se debe desarrollar ambas apropiadamente, para esto es
necesario involucrar al niño para que escoja el medio que más le permita
comunicarse; reforzar la comunicación oral por medio de la parte gestual, señas
o movimientos que permitan comunicar un mensaje; generar un buen canal de
comunicación, así los niños se pueden comunicar de varias formas y el docente
o padre entenderle de diversas formas según sea su condición anímica
(Gonzáles, 2019).
Estas actividades permiten a los niños sentirse valorados dentro del espacio
donde se desarrollan diariamente, como es la escuela o su propio entorno
familiar (Henao, 2017). La incorporación de sus deseos o sentimientos en la
toma de decisiones podrá fomentar el buen desarrollo de sus habilidades
comunicativas con las personas que están constantemente cerca de ellos,
puesto que le hacen saber que su opinión importa y es necesaria para tomar la
decisión (Pinzón, 2016).
La educación en estudiantes con discapacidad intelectual
El trabajo con niños con DI debe basarse en un adecuado conocimiento de su
persona, su carácter, su comunicación y especialmente su entorno familiar y
social (Cegarra & García, 2017). Este proceso no es sencillo y requiere de
mucho tiempo, cuando un estudiante manifiesta una actitud activa ante lo que
le rodea, hay que ser conscientes de que su comunicación puede utilizar varios
causes, lo que se debe interpretar de forma satisfactoria (Górriz, 2014).
Los mensajes que transmiten las personas con DI tienen un contenido muy
semejante a los del resto de los alumnos: necesidad de atención, de
reconocimiento, deseo de aprender, cansancio, aburrimiento, celos de los
demás al comprobar que son más eficaces, deseo de manipular, rechazo, entre
otros (Cegarra & García, 2017). Pero su lenguaje va a utilizar distintos códigos
además del lingüístico como la actitud postural, el comportamiento, la
pasividad y muchas veces el conflicto y la obcecación (Collazo, 2014).
Las expectativas de los familiares, inciden positiva o negativamente en las
características generales pero la maduración y aprendizaje dependen en gran
medida de la apuesta que se hace por cada niño y de la respuesta que recibe de
los adultos con los que tiene relación (Fernández, 2017).
La actitud que el docente presente ante el alumno, las expectativas que se
albergue, la cercanía y el cariño que se ponga en la educación, serán
determinantes en el progreso de cada uno (Fernández, 2017). La discapacidad
intelectual provoca que algunos alumnos no puedan o no sepan expresar sus
necesidades, lo que produce conductas inadecuadas, realizando
constantemente un análisis funcional para conocer y determinar lo que desea el
niño a través de su mal comportamiento (Finlay, 2005).