Vol. VII. Año 2022. Edición Especial (3), septiembre
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El fetichismo tecnológico en las nuevas tecnologías de la imagen y la
informática
AUTORES: Yosnier Rojas Capote
1
Olivia Romero Pacios
2
DIRECCIÓN PARA CORRESPONDENCIA: yrojascapo.24@gmail.com
Fecha de recepción:
12
-
02
-
2022
Fecha de aceptación:
8
-
04
-
2022
RESUMEN
El presente artículo se propone reflexionar en torno al problema del fetichismo
tecnológico en las nuevas tecnologías de la imagen y de la informática, desde el
enfoque de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad y desde otras
tradiciones solidarias que han sostenido el mismo empeño. Tal es el caso del
diálogo que proponemos al retomar el pensamiento de Carlos Marx sobre el
fetichismo mercantil y su extensión junto con otros autores a la compresión de
los problemas que las nuevas tecnologías de la imagen y las TICs pueden
suscitar en la actualidad. El fetichismo tecnológico, en su dimensión ideológico-
cultural tiene el potencial de hacernos mirar los efectos alienantes que puedan
generar las nuevas tecnologías de la imagen y la informática en el ser humano.
En este sentido defendemos la tesis de que la tecnología es una práctica
sociocultural y por lo tanto no es solo su aspecto técnico lo que está implicado
en su uso.
PALABRAS CLAVE: Fetichismo; Tecnología; Imagen; Virtual, Informática;
Internet.
Technological fetishism in the new imaging and computer technologies
ABSTRACT
This article aims to reflect on the problem of technological fetishism in the new
image and computer technologies, from the perspective of Science, Technology
and Society studies and from other solidarity traditions that have sustained the
same endeavor. Such is the case of the dialogue that we propose when
returning to the thought of Karl Marx on mercantile fetishism and its extension
together with other authors to the understanding of the problems that the new
technologies of the image and the ICTs can raise today. Technological fetishism,
1
Licenciado en Filosofía. Profesor asistente. Facultad de Filosofía e Historia. Universidad de La Habana. Cuba. E-
mail: yrojascapo.24@gmail.com, Código ORCID https://orcid.org/0000-0001-6092-5724
2
Licenciada en Sociología. Máster en Sociología. Investigador Agregado. Dirección de Información y Análisis.
Cuba. E-mail: oromeropacios@gmail.com, Código ORCID https://orcid.org/0000-0001-8890-4300
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in its ideological-cultural dimension, has the potential to make us look at the
alienating effects that new image and computer technologies can generate in
the human being. In this sense, we defend the thesis that technology is a
sociocultural practice and therefore it is not only its technical aspect that is
involved in its use.
KEYWORDS: Fetishism; Technology; Image; Virtual; Computing; Internet.
INTRODUCCIÓN
En los últimos años, la humanidad ha sufrido una transformación tecno-
cultural a gran escala, comparable con la revolución industrial. Uno de los
cambios profundos que han experimentado las sociedades contemporáneas
está vinculado al auge de las Tecnologías de la Información y Comunicación
(TICs). Éstas no sólo han trastocado las actividades humanas, desde la manera
de vivir hasta la manera de consumir, sino que han situado las bases de
desarrollo social y cultural en el conocimiento.
Internet es el último y, en muchos aspectos, la más poderosa de las tecnologías
de la comunicación —telégrafo, teléfono, radio y televisión— que desde la
segunda mitad del siglo pasado ha eliminado progresivamente el tiempo y el
espacio como obstáculos para la comunicación entre los ciudadanos de
cualquier parte del globo terráqueo. El uso de internet gestó una sociedad
caracterizada por un incalculable acceso al conocimiento y ha propiciado una
nueva forma de comunicación y de interacción social: la virtual, que ha
sustituido el intercambio cara a cara o la presencia física, penetrándose en
todos los espacios, hogares, empresas, corporaciones, instituciones
gubernamentales y educativas.
A decir del sociólogo Manuel Castells:
Internet no es simplemente una tecnología es el medio de comunicación
que constituye la forma organizativa de nuestras sociedades, es el corazón
de un nuevo paradigma sociotécnico que constituye en realidad la base
material de nuestras vidas y de nuestras formas de relación, de trabajo y
de comunicación. Lo que hace Internet es procesar la virtualidad y
transformarla en nuestra realidad, constituyendo la sociedad red, que es la
sociedad en que vivimos” (Castells, 1999).
Es conocida también como la sociedad del conocimiento o de la información,
entre otras denominaciones.
Por otra parte Internet ha sido asociada también a las nuevas tecnologías de la
imagen (NTI), imágenes síntesis, imagen multimedia, realidad virtual, son
conceptos que desde la década de los años 70 y 80 del pasado siglo hasta el
presente, ha manejado la literatura científica sobre la imagen-video y de las
tecnologías de la información; teóricos de la virtualidad que desde una crítica
cultural a la tecnología, -o si se quiere, desde un enfoque tecno-cultural- se
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adelantaron con sus intuiciones y reflexiones a muchos de los escenarios que
en la actualidad estamos viviendo.
3
A diferencia de una reflexión que se deja engatusar por los encantos de las
nuevas tecnologías como si estas fueran por solas a salvar a la humanidad
de todas sus crisis y problemas, creyéndola emancipadora por misma de las
dificultades culturales, económicas y sociales a las que el hombre se enfrenta
en la actualidad, el presente artículo fija su atención en las experiencias límites
de la actual revolución tecnológica, buscando una vez más una reflexión
pertinente que saque a relucir la cara oculta del progreso. Por mucho que estas
nuevas tecnologías constituyan un evidente progreso en la vida del ser
humano, la apertura de su uso ha condicionado la aparición de nuevos
problemas de diversa índole, pues ha introducido al Hombre en un mundo
complejo y sofisticado, que implica decisiones y actuaciones que repercuten en
el comportamiento, que reclaman el análisis de su uso desde nuevas
perspectivas, que cuestionen y modelen el avance científico y tecnológico en
aras de establecer las pautas y normativas que contribuyan y regulen su uso,
pues “...sin libertad para criticar la técnica, tampoco habrá progreso técnico”.
(Virilio, 1997, p.13)
Tal es el caso del proceso de fetichización y de pérdida de contacto con la
realidad que dichas tecnologías han generado en el individuo y la sociedad, que
algunos autores han denominado usando una metáfora: el aspecto fantasmal
de la tecnología, pues, el uso y la aplicación de estas nuevas tecnologías
acontecen en un entorno virtual y artificial llamado ciberespacio, que aunque
creado por el hombre mismo a partir de su apropiación de la naturaleza real y
objetiva, simulan y modelan las actividades y procesos de la vida humana en el
ciberespacio. Esto último supone un salto de la realidad sensible y tangible,
entendida como presencia y referencia directa de nuestros sentidos con lo que
acontece en el mundo, hacia una dimensión virtual-digital intangible que
paradójicamente se muestra autosuficiente e independiente de su origen
analógico-material. De ahí que muchos de los riesgos y desventajas que
comportan las nuevas tecnologías, y en especial el internet, tengan que ver con
este tránsito inadvertido de lo real a lo virtual en tanto que la mayoría de los
usuarios asumen pasivamente el hecho de que, mientras más tiempo
permanecen haciendo uso de estas tecnologías se corre el riesgo de que
desaparezcan la presencia y el contacto directo con nuestro entorno natural y
humano; así, cada vez más interactuamos y actuamos desde las redes sociales
mediante un teléfono móvil o un ordenador, evaluamos y tomamos decisiones
(políticas, económicas, sociales e individuales) desde plataformas virtuales que
3
Para una mejor comprensión de estos términos véase “Videoculturas de fin de siglo”. Colectivo de Autores.
Ediciones Cátedra, S. A., 1990. Donde una serie de autores de la talla de Jean Baudrillard, Paul Virilio, Colombo,
entre otros, se reunieron para reflexionar en torno a los problemas socioculturales a que se enfrentaba la humanidad
con el uso de las nuevas tecnologías de la imagen y la informática. Buena parte de estos autores fueron considerados
pioneros en el tema de la videocultura, distinguiendo su discurso de otros existentes por una crítica cultural a los
medios de comunicación. Crítica tecnológica desde la cultura de la cual se inspiró en gran medida el presente
artículo.
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la mayoría de las veces desconocemos cómo y con qué propósitos reales fueron
creadas. En este sentido, la llamada sociedad del conocimiento podría
convertirse en la sociedad del desconocimiento, porque lo primero que debemos
conocer permanece oculto para nosotros y nos enteramos de ello cuando ya no
podemos elegir o juzgar conscientemente nuestras acciones y sus efectos.
Por ello se considera pertinente reflexionar en torno al problema del fetichismo
tecnológico en las nuevas tecnologías de la imagen y de la informática, desde el
enfoque de los estudios de Ciencia, tecnología y sociedad (CTS), pero también
desde otras tradiciones solidarias que han sostenido el mismo empeño, ya que
las CTS nacieron de un diálogo multidisciplinario y de un desafío de conectar
culturas y dimensiones que tradicionalmente se creían imposibles de afianzar
4
.
Tal es el caso del diálogo que en el presente artículo se propone al retomar el
pensamiento de Carlos Marx sobre el fetichismo mercantil junto con el de otros
autores acerca de la compresión de los problemas que las nuevas tecnologías
de la imagen y las TIC pueden suscitar en la actualidad.
En este sentido defendemos la tesis de que la tecnología es una práctica
sociocultural y por lo tanto no es solo su aspecto técnico lo que está implicado
en su uso, pues como bien nos recuerda Pacey en ella están presentes tres
dimensiones: la técnica, la organizativa y la ideológico-cultural. (Núñez, 2007,
p.61)
La dimensión técnica se refiere al conjunto de conocimientos capacidades,
agilidades técnicas, instrumentos, herramientas y maquinarias, recursos
humanos y materiales, materias primas, productos obtenidos, etc.
Por su parte la organizativa tiene que ver más con las políticas administrativas,
aspectos del mercado, economía e industria; agentes sociales, entre otras.
Y finalmente la ideológico - cultural, que acaso sea la que más se haya tenido en
cuenta en el presente artículo, ya que en ella nos la tenemos que ver con las
finalidades y los objetivos sociales de la tecnología, el impacto social de la
misma y su implicación en los sistemas de valores y códigos éticos, el
imaginario tecnológico del sujeto, el ideal de progreso, etc.
Para el tema que nos ocupa, el fetichismo tecnológico, la dimensión ideológico-
cultural, tiene el potencial de hacernos mirar los efectos alienantes que puedan
generar las nuevas tecnologías de la imagen y la informática en el ser humano,
que constituye el objetivo general de este artículo.
DESARROLLO
Un paisaje tecnológico de la modernidad: La tecnología como imagen del mundo
“Lo asombroso es que no nos asombra” (Morin, 2001, p. 11) así se refería el
reconocido filósofo y sociólogo francés Edgar Morin en uno de sus primeros
4
Recuérdese todas las variantes que van desde la Bioética pasando por el pensamiento ecologista hasta el
pensamiento complejo, dimensiones teóricas que nacieron de una necesidad de enfrentar problemas de la vida
emergentes, que no podía hacerle frente el antiguo enfoque tradicional de la ciencia occidental.
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libros donde se proponía investigar los encantamientos del cine en el hombre
moderno, cuando al estudiar el imaginario cotidiano de esa pantalla de sueños
descubría que al igual que la fotografía, el teléfono y el avión, todos invenciones
de finales del siglo XIX y principios del XX, pasado solo unas cuantas décadas
de su invención, ya su uso se había convertido en algo habitual. Ya ninguna
invención nos asombra, experiencia de habituarse en un tiempo y un espacio
histórico donde “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, y ya Marx lo sabía,
cuando en El Manifiesto Comunista caracterizaba a la época moderna como
“una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un
movimiento constante distinguen la época burguesa de todas las anteriores”
(Marx & Engels, 1962, p.25), inquietud y movimiento constante que se
expresan en la incesante transformación de los instrumentos de producción, en
la constante transmutación de la ciencia en tecnología, pues como bien
apuntaba Marx la burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar
incesantemente los instrumentos de producción” (Marx & Engels, 1962, p.25),
instrumentos que a su vez transformarían el entorno natural y social, la forma
de relacionarse del hombre con la naturaleza, consigo mismo y con los demás.
Con la industrialización de la producción, -que transformó el conocimiento
científico en tecnología desplazándose la ciencia de su antiguo contexto clásico
como productora de conocimientos teóricos a una esfera socio-cultural más
abarcadora-
5
, se crearon nuevos entornos humanos que aceleraron el ritmo y la
temporalidad humana, haciéndose sentir con más profundidad que en
cualquier momento de la historia el impacto de la tecnología en la sociedad.
Según Marshall Berman la modernidad puede ser vista como “... un paisaje de
máquinas de vapor, fábricas automáticas, vías férreas, nuevas y vastas zonas
industriales; de ciudades rebosantes que han crecido de la noche a la mañana,
frecuentemente con consecuencias humanas pavorosas; de diarios, telegramas,
telégrafos, teléfonos y otros medios de comunicación de masas que informan a
una escala cada vez más amplia...” (Marshall, 2004, p.5)
¿Cómo pueden asombrarnos entonces nuestras propias invenciones si sus
constantes transformaciones ocurren de maneras tan aceleradas que no
permiten que seamos conscientes de ellas?
De la invención de la rueda a la máquina de vapor tuvieron que transcurrir
muchos siglos, sin embargo de la máquina de vapor al automóvil, al avión, de la
energía mecánica a la energía eléctrica, que convergió con el motor de
combustión interna, tan solo mediaron unas cuantas décadas; de la primera
gran revolución industrial a la segunda la imagen del mundo cambió por
completo para el hombre, sin embargo, esta imagen pasó de ser una imagen
estática a otra en movimiento, y no es casual que de la fotografía al cine se
haya transformado por completo el modo de representación que el hombre tenía
de mismo, el hombre pasó del orden de la naturaleza a la representación y
reproductibilidad técnica de esta. Así nos recuerda Walter Benjamin en un
5
Para una visión más amplia de los diferentes desplazamientos de la ciencia ver (Núñez, 2003, p.7).
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texto que es ya un clásico sobre el tema (Benjamin, 2003), cómo la tecnología
impactaba en el arte moderno: “Hacia mil novecientos la reproducción técnica
había alcanzado un estándar tal, que le permitía no sólo convertir en objetos
suyos a la totalidad de las obras de arte heredadas y someter su acción a las
más profundas transformaciones, sino conquistar para misma un lugar propio
entre los procedimientos artísticos. Nada es más sugerente para el estudio de
este estándar que el modo en que sus dos manifestaciones distintas —la
reproducción de la obra de arte y el arte cinematográfico— retroactúan sobre el
arte en su figura heredada.” (Benjamin, 2003, p.41). Esto significa que la
representación estética que tiene el hombre de la naturaleza a través de los
sentidos pudo ser manipulada y reproducida, la sensibilidad humana, las
facultades mismas del ser humano podían ser reproducidas y representadas en
formatos nunca antes vistos; industrialización de la visión, pero también
automatización de la percepción; tanto la imagen como el sonido podían ser
registrados y representados por máquinas. Acaso nuestra falta de asombro
provenga de la automatización de la sensibilidad, pues con estas nuevas
tecnologías, que vinieron a ser extensiones artificiales de las facultades
humanas, no solo se nos dotaron de potenciales para modificar los procesos
naturales y físicos, sino también de transformarnos y modificarnos a nosotros
mismos, problema este que nos remite a la otra cara de la revolución científico
técnica contemporánea “...la que subyace, la que se encuentra oculta tras los
cambios perceptibles y resulta con frecuencia inadvertida: la revolución en el
hombre, los modos de concebir y producir el conocimiento y la ciencia misma.”
(Delgado, 2007, p.14) Inadvertida, porque acaso resulte más complejo
comprender las transformaciones en el sujeto que en el objeto, en el orden de la
representación, de los valores humanos, de la cultura y la moral; en otras
palabras, de la relación entre subjetividad y objetividad. Este planteamiento
nos lleva entonces al análisis de la ciencia y la tecnología como productos
humanos, como objetivaciones humanas que no son independientes de las
relaciones sociales que establecemos, tanto la ciencia como la tecnología son
productos sensibles del ser humano, y el paisaje tecnológico de la modernidad
estaría incompleto si solo aparecen en el cuadro relaciones entre objetos, entre
productos tecnológicos, lo inadvertido para el hombre es que él mismo es el
creador, el sujeto que le dio vida al objeto.
El objeto conjurado: De las tecnologías clásicas a las no clásicas
Lo que diferencia el paisaje tecnológico de la modernidad industrial a lo que hoy
podríamos llamar era post industrial, es que con las nuevas tecnologías de la
imagen y la información nos encontramos ante objetos tecnológicos no clásicos.
Mientras que las tecnologías clásicas de las primeras revoluciones industriales
podían ser manejadas y controladas por el hombre, quien predecía y
diagnosticaba su comportamiento ya que se trataban de objetos cuyas
funciones eran netamente mecánicas y funcionaban como sus extensiones
musculares; las tecnologías no clásicas de la tercera revolución industrial, o
revolución digital como comúnmente se le llama, se van a caracterizar por un
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alto grado de incertidumbre e independencia
6
que se irán radicalizando aún
más conforme entramos en los albores de la actual cuarta revolución industrial.
En este sentido se puede distinguir el carácter no clásico de las nuevas
tecnologías por su potencialidad material , ya que se trata de instrumentos
capaces de penetrar y manipular la materia, la energía y la vida a niveles
profundos ; y por otro lado por su potencialidad intelectual, ya que estamos ante
artefactos capaces no sólo de generar procesos automáticos con menor
intervención del hombre sobre ellos, sino también de imitar o simular procesos
lógicos e intelectuales, convirtiéndose así en una ampliación de los sentidos y el
cerebro humano a través de medios digitales y electrónicos.
Para ilustrar mejor lo expuesto, algunos ejemplos podrían ayudarnos.
El caso más típico lo tenemos con una computadora, esta viene ya prediseñada
con un software que funciona como su sistema operativo en el cual se
encuentran establecidos todas sus funciones de base, sin embargo, este
sistema no está cerrado, permite que se le añadan nuevos programas o
software que traen consigo nuevas funcionalidades, que van a generar, junto
con la creatividad del usuario que los utiliza, formas de empleo indefinidas. En
este caso estamos ante una tecnología por excelencia no clásica , ya que el
usuario de un ordenador no está solamente usándolo como una mera
herramienta sino también interactuando con ella, donde sus potenciales
materiales e intelectuales se fusionan con el usuario; mientras que la
interacción del hombre con las tecnologías clásicas estaban limitadas, con un
ordenador estamos ante una herramienta que puede incrementar nuevas
posibilidades de uso, lo que nos sitúa en un contexto de incertidumbre entre el
hombre y la máquina.
Si con la pantalla del cinematógrafo y más adelante con la televisión asistíamos
a una transformación analógica de la imagen del mundo, en tanto lo analógico
se entendía como un proceso donde la señal física se encontraba en una
relación directamente proporcional con el fenómeno del cual procede, con los
nuevos ordenadores la imagen y la representación del mundo sufre una
transformación de lo analógico a lo digital, que permite su manipulación
gracias a la conversión numérica del lenguaje binario (1, 0), desapareciendo así
el origen físico-óptico de la imagen y subordinándose la esfera óptica a la de la
modelización y del cálculo (Renaud, 1990, p.19). Lo real se convierte entonces
en lo virtual, por lo tanto, los límites o posibilidades de las tecnologías digitales
no dependen tanto de un proceso físico-analógico como de un proceso
numérico-simbólico, de donde surgen automatizaciones que escapan al control
real del objeto, hasta el punto en que el sujeto no solo interactúa con una
máquina sino con un entorno virtual que es capaz de simular al real. La
6
Debemos todo este análisis de los problemas de nuevo tipo que aparecen con el auge de las nuevas tecnologías, así
como la distinción entre objetos clásicos y no clásicos al Dr. Carlos Delgado. Véase la bibliografía ya citada
(Delgado, 2007, p.125)
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incertidumbre y la independencia de las tecnologías no clásicas se evidenciarán
aún más como veremos ahora con el complejo fenómeno de la Internet.
Internet combina la tecnología de la informática con la del mundo de las
telecomunicaciones para constituir redes, comunidades o espacios públicos
(ciberespacios) de comunicación, información e interacción local, nacional y
mundial.
Desde su ordenador millones de personas intercambian mensajes con amigos,
profesores o científicos, descargan vídeos, publican fotos, imágenes, participan
en foros, tienen acceso a informaciones de todo tipo a escala mundial, solicitan
los más variados servicios a domicilio, realizan compraventa de cualquier tipo
de productos, se establecen relaciones de trabajo, económicas y hasta pueden
entablar una cita. Todo ello en tiempo real y con un alto grado de inmediatez.
La incontable cantidad de sitios, información, datos, imágenes, etc., que por
ella circulan, la hacen comparable con un mar que no tiene fin, imposible de
recorrer en su totalidad, pero donde cada internauta es libre de escoger si
quedarse sólo con un chorrito de lo que ofrece o empaparse, pues no hay
negatividad ni límites.
Lo cierto es que nos encontramos ante un medio con dimensiones ilimitadas,
con un elevado número de canales emisores y aunque mezcla atributos de los
medios convencionales, propone opciones versátiles para la apropiación de los
mensajes y exige una atención intensa por parte de sus usuarios.
Como se puede apreciar, la Internet es una tecnología que abrasa todo el tejido
de la vida pública y privada de una sociedad. Se trata de una red global de
computadoras que propicia la comunicación entre personas y la creación de
redes de relaciones entre personas distantes desde cualquier punto del planeta,
lo no clásico en esta nueva tecnología “...consiste en que la comunicación libre y
el control se realizan a través de un medio en el que además de la comunicación
entre los agentes sociales involucrados hay una constante y efectiva
comunicación entre objetos, inadvertida para la mayoría de las personas que se
comunican entre sí, incluso para aquellas que ejercen por estos medios el
control.” (Delgado, 2007, p.125)
El grado de incertidumbre e independencia de internet se acrecienta si
consideramos que plataformas sociales como Google, Facebook, Twitter,
Amazon o YouTube, funcionan con algoritmos, protocolos y configuraciones por
defecto de sus softwares que no solo nos permiten acceder a todo tipo de
información o a interactuar socialmente en la red, sino que además registran y
procesan toda nuestra actividad en la red, desde las búsquedas que hacemos
hasta los productos que compramos, nuestros gustos y preferencias de toda
índole, etc., de modo que cuando hacemos uso de dichas plataformas, además
de acceder a la información, nosotros mismos nos transformamos en parte de
su flujo y terminamos siendo moldeados y guiados por ella: accedemos a la
tecnología, pero ella también accede a nosotros, y es en esta última acción
donde corremos el riesgo de perder el control de nuestras propias acciones.
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El desafío es hacer visible la capa oculta y mostrar de qué manera el
software cuantifica y mide cada vez más la vida social y cotidiana. El
software ayuda a traducir las acciones sociales en lenguaje computacional
y viceversa: a convertir el lenguaje computacional en acción social… luego,
estas plataformas traducen estas actividades sociales codificadas en
directivas programadas, destinadas a guiar el comportamiento del
usuario.” (Van Dijk, 2016, p.34)
Al parecer, el grado de naturalización con que hemos asimilado a las nuevas
tecnologías ha sido proporcional al incremento y extensión de su uso en todas
las esferas de la vida cotidiana; sin embargo, esta naturalización se ha
transformado en una especie de sentido común que nos hace olvidar la
incertidumbre a la que estamos expuestos cuando un software en virtud de la
inteligencia artificial con que fue programado influye en la manera en que nos
comunicamos y construimos nuestra identidad.
En la actualidad, este proceso dinámico de acceder y ser accedidos por las
nuevas tecnologías, está a punto de transformar el mundo que conocemos a
una velocidad y amplitud nunca antes visto, ya que nos encontramos en los
albores de lo que algunos autores aseguran es una nueva revolución industrial
conocida como industria 4.0 o cuarta revolución industrial
7
, donde diversas
tecnologías harán posible la fusión de los sistemas digitales, físicos y biológicos,
permitiendo una sinergia y retroalimentación entre las maquinas inteligentes,
el hombre y su entorno, sin precedentes en la historia de la humanidad donde
la Inteligencia Artificial (IA) jugará un papel activo
8
, lo que supone que
estaremos ante una forma superior de dominio y poder sobre la naturaleza, y
más cerca de trascender los límites de nuestra finitud. Sin embargo, pese a
todos los beneficios que dichos cambios traerían a la humanidad ¿quién puede
asegurar hoy que esta nueva revolución tecnológica no vendrá aparejada de
una pérdida de consciencia tan exponencial como su ritmo acelerado por
alcanzar la trascendencia de los límites humanos? Recientemente, uno de los
empresarios y emprendedores más influyentes en el mundo de la innovación
tecnológica como Elon Musk
9
, director ejecutivo de las compañías SpaceX y
7
El ingeniero y economista alemán Klaus Schwab, creador del Foro Económico Mundial, es responsable del
término. En su libro “La cuarta revolución industrial”, publicado en 2016, describe y analiza las características de la
nueva revolución tecnológica, tomando en cuenta las oportunidades que nos brinda pero también sus riesgos y retos.
Schwab señala que, a diferencia de las anteriores, esta revolución industrial no se define por un conjunto de
tecnologías emergentes en mismas, sino que representa la transición hacia nuevos sistemas que se construyeron
sobre la infraestructura de la revolución digital, pero con una velocidad, alcance global e impactos en toda la
sociedad muy superiores (Schwab, 2016).
8
Esta es la tesis del científico e inventor estadounidense Raymond Kurzweil especialista en sistemas de Inteligencia
Artificial, quien desde sus libros e investigaciones ha formulado que hacia la primera mitad del siglo XXI tendrá
lugar una “singularidad tecnológica” gracias al despertar de la Inteligencia Artificial con la que nos iríamos
fusionando hasta llegar a un estadio o civilización transhumana donde no existiría una distinción entre la máquina y
el hombre, lo real y lo virtual, borrándose así los límites biológicos de la especie. Según Kurzweil se trataría de un
periodo futuro “… durante el cual el ritmo de cambio tecnológico será tan rápido, su impacto tan profundo, que la
vida humana se transformará irreversiblemente.” (Kurzweil, 2012, p.6)
9
Para más información sobre la biografía de Elon Musk véase (Vance, 2015 )
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Tesla Motors, alertaba sobre la amenaza que representaba para nuestra
civilización el uso de la inteligencia artificial sin supervisión, pidiendo una
regulación legislativa gubernamental para el uso de estas tecnologías
incluyendo las de sus propias empresas, alegaba que “[Las máquinas] podrían
comenzar una guerra publicando noticias falsas, robando cuentas de correo
electrónico y enviando notas de prensa falsas, solo con manipular información…
La pluma es más poderosa que la espada... En 20 años no es que no vaya a
haber gente al volante, es que no habrá volante directamente". (Palazuelos,
2017)
10
La dimensión fetichista en las nuevas tecnologías de la imagen y la informática
¿No es acaso un verdadero acto de fetichismo esto de crear objetos no clásicos
que simulen virtualmente la realidad? ¿Acaso no estamos en presencia de la
última manifestación de crear un sistema lógico capaz de gobernar
automáticamente a aquel que lo creó?
Lo que se ha venido diciendo en este artículo apunta a una nueva dimensión
del problema que nos plantea en la actualidad la creación y el uso inconsciente
e indiscriminado de la tecnología.
Emerge una vez más el viejo problema del fetichismo, pero revestido de nuevas
implicaciones y retos para la sociedad actual; pues si en su contexto clásico el
fetichismo era visto por Carlos Marx como aquel proceso de dotar a determinado
objeto características que no son propias de su naturaleza, de su esencia, de su
constitución en tanto objeto
11
, con las tecnologías virtuales y de la información
algo similar está sucediendo. La autonomía e independencia que un objeto-
tecnológico no clásico puede adquirir nos lleva de golpe al problema del
fetichismo tecnológico, pues en la medida que un objeto tecnológico adquiera
más autonomía e independencia, es posible que aquel que las creó pierda el
poder para intervenir en sus propias creaciones. En estas condiciones la
manipulación digital de la vida o si se quiere la edición y creación de una
realidad sensible virtual ocupa el puesto privilegiado de "Real", pues qué
sentido puede tener hablar con términos tan contradictorios puestos en
relación directa como la expresión realidad virtual, es como decir que algo no
real es real, “La expresión realidad virtual constituye un oxímoron, una paradoja
verbal voluntariamente provocativa, pues está formada por dos conceptos
contradictorios y autoexcluyentes, ya que algo no puede ser real y virtual a la
vez” (Gubern, 1996, p.155 ). Sin embargo, lo que estamos presenciando en la
actualidad desafía la lógica clásica que separa a lo real de lo virtual como
10
Véase además sus declaraciones más recientes en: https://elcomercio.pe/respuestas/elon-musk-cuando-sera-que-
tesla-le-dedicara-un-dia-especial-a-la-ia-inteligencia-artificial-revtli-noticia/
11
La noción clásica de fetichismo fue propuesta por Carlos Marx en el primer capítulo de El Capital, en el apartado
“El fetichismo de la mercancía y su secreto”, allí Marx sentó las bases del concepto de fetichismo, pues cuando
hacía su crítica a la teoría del valor de la economía clásica inglesa llegaba a la conclusión de que el valor es una
relación entre personas, disfrazada bajo una envoltura material, en este caso la mercancía, que asumiendo rasgos que
fueran proyectados en el proceso de producción del objeto por el sujeto se le presentaban finalmente en el mercado
como objetos dotados de vida propia y con características humanas. (Marx, 1981, p.38)
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dimensiones excluyentes ¿con que fundamentos podríamos decir que lo virtual
es una ilusión o una simulación de la realidad cuando las tecnologías basadas
en la inteligencia artificial cada vez más se acercan a borrar la brecha entre el
humano y la máquina? Hoy por donde quiera vemos innovaciones que van
desde asistentes virtuales que reconocen nuestra voz, drones y vehículos
automatizados, ambientes informatizados donde las cosas se fusionan con las
maquinas inteligentes; una casa, una fábrica, la escuela y los entornos más
familiares están entrando en simbiosis con la inteligencia artificial.
“Nuestros dispositivos se convertirán en una parte creciente de nuestro
ecosistema personal, escuchándonos, previendo nuestras necesidades y
ayudándonos cuando sea necesario, aunque no se lo pidamos.” (Schwab, 2016,
p.16 )
“Aunque no se lo pidamos”, entonces ¿Quién está detrás del timón invisible de
la inteligencia artificial?
Por mucho que la ciencia quiera responder a esta pregunta y se refiera a los
lenguajes y algoritmos matemáticos computacionales que permiten crear la
inteligencia de una máquina, tendremos que reconocer que estamos ante un
misterio y que sobre la base de tal incertidumbre debemos tomar consciencia
de nuestras propias creaciones.
En todo caso fueron la excesiva matematización y racionalización de la vida,
nacidos del ideal de ciencia de la modernidad, los que generaron esta infinita
carrera tecnológica o si se quiere obsesión tecnológica por la automatización,
hasta el punto de creer que una máquina virtual es más real que lo real,
contradicción que salta a la vista pues lo digital es tan real como lo analógico,
lo que los diferencia es la intensificación del simulacro, verdadera dosis de
fetichismo en esta relación hombre-máquina: cada vez el usuario de un
ordenador participa menos del proceso de creación de lo virtual, el software se
encarga cada vez más de producir el efecto deseado, de modo que la máquina
ocupa el lugar del sujeto y el sujeto el del objeto.
“Con la electrónica y la cibernética como extensiones del cerebro, de
alguna manera es el cerebro mismo el que se ha transformado en una
extensión artificial del cuerpo, y que por tanto ya no forma parte de él. Se
ha exorcizado el cerebro como modelo, para accionar mejor sus funciones.
Se ha formado una prótesis en el interior mismo del cuerpo.” (Baudrillard,
1990, p. 28)
Entonces podemos asegurar que no se trata del clásico tópico humanista de la
tecnología deshumanizadora, es más bien lo contrario, un aumento de
humanización de los objetos tecnológicos lo que estamos presenciando con las
nuevas tecnologías. Las fronteras de lo humano y lo no humano hace tiempo
fueron trascendidas en la medida en que el hombre fue cediendo más lugar a
creaciones de segundo orden o de segunda naturaleza. En este sentido la
Internet constituye un claro ejemplo de fetichismo tecnológico, pues los
usuarios le otorgan inconscientemente características humanas y sociales a
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Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación. Universidad Técnica de Manabí. ECUADOR.
objetos que si bien permiten comunicación global y en red, en mismo no son
portadores de esos valores humanos. Como diría Carlos Marx “Su propio
movimiento social cobra a sus ojos la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo
control están, en vez de ser ellos quienes las controlan” (Marx, 1981, p.42). Por
lo tanto, estamos ante un nuevo antropomorfismo, pues los nuevos objetos
tecnológicos escapan al orden natural de las funciones primarias del hombre,
ahora las nuevas tecnologías simulan funciones superestructurales “...ya no
son sus gestos, su energía, sus necesidades, la imagen de su cuerpo lo que el
hombre proyecta sobre los objetos automatizados, es la autonomía de su
conciencia, su poder de control, su individualidad propia, la idea de su persona.”
(Baudrillard, 1969, p. 128).
Desde siempre el hombre ha proyectado su propia imagen sobre objetos o
funciones de objetos en el mundo exterior, este proceso de antropomorfismo
comenzó desde que hace treinta mil años en las cavernas de Lascaux
aparecieran las primeras imágenes virtuales creadas por el hombre (Rheingold,
1994, p. 393), pero cuando ese objeto, cosa o herramienta simulan procesos
cognitivos del hombre las consecuencias son mayores, ya que el hombre no sólo
le cede capacidades físicas e intelectuales a ese objeto, sino también
emocionales y morales, verdadero problema de este fetichismo tecnológico, que
no se diferencia tanto del fetichismo mercantil, en tanto la publicidad y las
marcas de cualquier mercancía se encargan de vender no un objeto sino
características humanas que encarnan estos objetos.
Con razón, una de las preocupaciones más actuales de la UNESCO, se derivan
del acelerado ritmo con que las nuevas tecnologías e internet están siendo
transformadas por la inteligencia artificial. Se trata del “Consenso de Beijing
sobre la inteligencia artificial y la educación” que fuera aprobado durante la
Conferencia internacional sobre la Inteligencia Artificial en la Educación que tuvo
lugar en Beijing del 16 al 18 de mayo de 2019, en donde se expresa una de las
preocupaciones que ha sido objeto de estudio en el presente artículo:
“También afirmamos que el desarrollo de la inteligencia artificial debe estar
controlado por el ser humano y centrado en las personas; que la
implantación de la inteligencia artificial debe estar al servicio de las
personas para mejorar las capacidades humanas; que la inteligencia
artificial debe concebirse de manera ética, no discriminatoria, equitativa,
transparente y verificable; y que el impacto de la inteligencia artificial en
las personas y la sociedad debe ser objeto de seguimiento y evaluación a
lo largo de las cadenas de valor.” (UNESCO, 2019, p. 29)
En este mismo contexto el Grupo Especial de Expertos (GEE) asumió el encargo
de elaborar un proyecto de recomendación sobre la ética de la inteligencia
artificial, dejando claro en una de sus recomendaciones que
“…además de plantear cuestiones éticas similares a las de cualquier otra
tecnología, los sistemas de IA también plantean nuevos tipos de
cuestiones. Algunas de ellas tienen que ver con el hecho de que los
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El fetichismo tecnológico en las nuevas tecnologías de la imagen y la informática
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sistemas de IA son capaces de hacer cosas que antes solo podían hacer los
seres vivos y que, en algunos casos, incluso se limitaban solo a los seres
humanos. Estas características otorgan a los sistemas de IA una función
nueva y determinante en las prácticas y la sociedad humanas. Yendo aún
más lejos, a largo plazo, los sistemas de IA podrían desafiar el sentido
especial de la experiencia y la conciencia propio del ser humano,
planteando cuestiones adicionales sobre la autonomía, el valor y la
dignidad del ser humano.” (SHS/BIO/AHEG-AI, 2020, p. 5)
Agregando, además:
“Puede ocurrir que, en algunos casos, los seres humanos tengan que
compartir el control con los sistemas de IA por razones de eficacia, pero la
decisión de ceder el control en contextos limitados seguirá recayendo en los
seres humanos, ya que los sistemas de IA deberían ser investigados,
diseñados, desarrollados, desplegados y utilizados para ayudar a los
seres humanos en la toma de decisiones y en la actuación, pero nunca
para reemplazar la responsabilidad humana final.” (SHS/BIO/AHEG-AI,
2020, p.5)
CONCLUSIONES
Esta responsabilidad humana final, se constituye así en el límite que
tendremos que trazar entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana, ya
que no es la tecnología por sí sola la que tiene determinadas características que
la hacen buena o mala, la solución a los problemas planteados no se halla en la
renuncia a la tecnología, pues no toda objetivación del sujeto es una pérdida de
su esencia.
En este último sentido, también podemos hablar de una expansión de las
facultades del sujeto, de una apertura a una nueva forma de sensibilidad.
Imaginario tecno-cultural, capaz no solo de enajenar y manipular técnicamente
al hombre, sino también de abrir nuevas brechas espacio temporales en la
sensibilidad del sujeto. Y esta última dirección nos lleva al problema de la
tecnología como vehículo para la emancipación del ser humano.
Estas dos dimensiones que aparecen cuando se aborda el tema de las nuevas
tecnologías de la imagen y de la informática y sus retos más actuales con una
posible singularidad tecnológica de la inteligencia artificial nos obligan a
establecer un balance crítico del fenómeno desde una perspectiva que sea
capaz de abordar dichos problemas sin formulas extremistas. La dirección y el
destino que puedan tomar en nuestras manos estas nuevas tecnologías, de ser
un proceso de fetichismo tecnológico o una liberación consciente de nuestras
propias facultades científico-tecnológicas, sensibles y socioculturales, dependen
una vez más del compromiso del hombre con sus propias creaciones.
Según nuestro criterio, los valores espirituales del hombre no son susceptibles
de ser automatizados, lo que las nuevas tecnologías acaso podrían enseñarnos
mejor no es a renunciar a nuestras facultades para que una máquina las
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realice por nosotros, sino a maravillarnos y aprehender del poder que se
esconde aún en la naturaleza. Acaso nuestras propias creaciones nos estén
enseñando que la verdadera tecnología esté aún por ser conocida y aguarde en
nosotros mismos. El Fetichismo tecnológico es la separación del sujeto con
respecto al objeto, proyección invertida que puesta nuevamente en su lugar nos
devuelve la verdadera imagen, de que las nuevas tecnologías son, pese al nivel
de autonomía e independencia que portan, objetos que solo pueden ser puestos
en marcha por la innovación del ser humano.
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