universidad es tarea propia, según Muro (2004), ya que es la propia institución,
acompañada de los colectivos sociales, quien posee las herramientas para la
resignificación de la visión que ha de tener. Los vínculos con entes
extrauniversitarios coadyuvarán para desdibujar el aislamiento con el entorno en
que se encuentra, ofreciendo, simultáneamente, propuestas alternativas a sus
diferentes problemas. Como dice De Sousa solo “una presión democrática externa
podrá llevar a que los temas sin interés comercial, pero de gran impacto social,
entren en las agendas de investigación” (2008, p. 59) de los actores universitarios.
Se requiere, entonces, que la universidad emergente reconozca la democratización
del ámbito donde se construyen, deconstruyen y reconstruyen los saberes, ya que
la universidad del presente es “una institución docente y de pregrado” (Morles,
2004, p. 16), es decir, dedicada fundamentalmente a capacitar profesionales para
el desempeño de una actividad intelectual con poca, o nula, vinculación con su
contexto.
Es de acotar, que la formación que se imparte actualmente en las universidades
está cargada de dispositivos tecno-instrumentales, propios de la lógica
disciplinaria, lo que trae como resultado la tecnificación del ente humano
entendida como “la correspondiente objetivación del propio hombre como un
simple útil o instrumento susceptible de ser manejado o manipulado para alcanzar
fines y dominios sobre el universo y sobre él mismo” (Mayz, 1974, p. 65). Pensar
en una nueva formación, desde la universidad emergente, pasa porque exista
dialéctica y dialógica entre las disciplinas para ir más allá de éstas (Nicolescu,
1996). Posibilidad que es negada en la universidad tradicional por no estar
dispuestas, o preparadas, para enfrentar tal desafío por lo que se resguardan en sí
mismas permaneciendo de espaldas a la realidad regional, nacional,
latinoamericana y caribeña.
Razón por la cual, la universidad emergente deberá encaminarse hacia la
reconstrucción del tejido social desde la diversidad, cotidianidad, la subjetividad,
teniendo entre sus metas: una formación docente sobre la base de las necesidades
sociales, la transversalización de los saberes, la revitalización del pensamiento
crítico, entre otras; teniendo en la transdisciplinariedad una vía para lograr tales
propósitos.
Un acercamiento a la perspectiva transdisciplinaria.
La transdisciplinaria, desde el punto de vista de la educación universitaria, podría
entenderse como una bifurcación al interior de la configuración del conocimiento.
Lo que permitiría incorporar, por un lado, saberes desestimados por la lógica
disciplinaria y, por otro, identidades, maneras de concebir el conocimiento,
diversidad cultural, experiencias y vivencias.