una convivencia armónica y pacífica en la sociedad. En este sentido Euroinnova
(2023) plantea la necesidad que desde las primeras edades es preciso enseñar a
los niños a escuchar, negociar, llegar a acuerdos, manifestarse de manera
respetuosa ante los demás según el punto de vista y opinión que posea de
alguna situación que se presente en el contexto, ya que estas manifestaciones
del comportamiento ante la sociedad favorecen las relaciones de comunicación
adecuadas, así como aprender a socializar con el mundo que le rodea.
De ahí que, la educación para la convivencia está dirigida a la formación
integral de los niños, para que puedan convivir armónica y colaborativa con los
demás. Este tipo de educación debe fomentar la inclusión y la diversidad en
todas sus formas. Además, es de vital importancia que se promuevan los
valores en el niño como el respeto, la tolerancia, la empatía y la solidaridad: así
como, formar habilidades que le permita la resolución pacífica de conflictos, la
comunicación efectiva, la toma de decisiones y la negociación.
Según Criollo, M. A. (2013) las normas de convivencia en el aula constituyen
una condición necesaria para un normal desarrollo de la vida del niño en el
centro infantil. Esto implica que los maestros de la educación inicial no solo
asuman esa responsabilidad sino, además, que esté pendientes de que los
niños presten cuidado y atención en lo que se hace o decide, dentro de las
normas que son generales y aplicables a todos en la escuela. Esta autora
confirma, que una norma es considerada una regla que debe ser respetada y
que, a su vez, permite regular las conductas o comportamientos de los infantes
como parte de la convivencia. Esto sugiere entonces, analizar a la convivencia
como la forma de relacionarse entre los sujetos. Para que haya una convivencia
positiva es necesario que se fomente respeto, amor, perdón, además, tolerar las
costumbres de otras personas que están en tu contexto social.
Pérez, C. (1999) refiere que, en la etapa infantil, el niño va incorporando las
normas de comportamiento a través de un proceso conocido como aceptación,
que conlleva la adaptación a una imposición por el maestro en el contexto
escolar, aunque este no comprenda las razones o la necesidad de hacerlo. Sin
embargo, en las etapas posteriores, y de forma progresiva, el niño desarrolla un
proceso de conformidad, que se establece a partir de una cierta reflexión y
evaluación de las normas que exige el contexto escolar. Este autor es del
criterio, que, en este nivel, se pueden distinguir dos grados de conformidad:
voluntaria y forzada, en la primera, el alumno acepta las normas que le
imponen en la institución educativa. En el caso de la segunda su
comportamiento está en función de lo que demás esperan de él.
Los modelos educativos tradicionales abordan la educación como un proceso
instructivo a través del cual los alumnos solo aprenden contenidos
fundamentales de cada área de conocimiento. Sin embargo, la nueva
concepción de la educación prioriza la atención a los contenidos de carácter
formativo, como es el aprendizaje de pautas de convivencia, normas, valores,
actitudes, creencias y la mejora del autocontrol, los cuales son considerados