como, formar habilidades que le permita la resolución pacífica de conflictos, la
comunicación efectiva, la toma de decisiones y la negociación.
Según Criollo, M. A. (2013) las normas de convivencia en el aula constituyen
una condición necesaria para un normal desarrollo de la vida del niño en el
centro infantil. Esto implica que los maestros de la educación inicial no solo
asuman esa responsabilidad sino, además, que esté pendientes de que los
niños presten cuidado y atención en lo que se hace o decide, dentro de las
normas que son generales y aplicables a todos en la escuela. Esta autora
confirma, que una norma es considerada una regla que debe ser respetada y
que, a su vez, permite regular las conductas o comportamientos de los infantes
como parte de la convivencia. Esto sugiere entonces, analizar a la convivencia
como la forma de relacionarse entre los sujetos. Para que haya una convivencia
positiva es necesario que se fomente respeto, amor, perdón, además, tolerar las
costumbres de otras personas que están en tu contexto social.
Pérez, C. (1999) refiere que, en la etapa infantil, el niño va incorporando las
normas de comportamiento a través de un proceso conocido como aceptación,
que conlleva la adaptación a una imposición por el maestro en el contexto
escolar, aunque este no comprenda las razones o la necesidad de hacerlo. Sin
embargo, en las etapas posteriores, y de forma progresiva, el niño desarrolla un
proceso de conformidad, que se establece a partir de una cierta reflexión y
evaluación de las normas que exige el contexto escolar. Este autor es del
criterio, que, en este nivel, se pueden distinguir dos grados de conformidad:
voluntaria y forzada, en la primera, el alumno acepta las normas que le
imponen en la institución educativa. En el caso de la segunda su
comportamiento está en función de lo que demás esperan de él.
Los modelos educativos tradicionales abordan la educación como un proceso
instructivo a través del cual los alumnos solo aprenden contenidos
fundamentales de cada área de conocimiento. Sin embargo, la nueva
concepción de la educación prioriza la atención a los contenidos de carácter
formativo, como es el aprendizaje de pautas de convivencia, normas, valores,
actitudes, creencias y la mejora del autocontrol, los cuales son considerados
como básicos para la formación integral de la personalidad del niño. (Pérez, C. y
López, I. L., 2010).
García, López, Pérez y Escámez (2010) plantean que la educación para la
convivencia es una labor que inicia desde el ámbito familiar, donde el niño
adquiere los primeros modelos de valores y habilidades para facilitar una
convivencia positiva en el contexto familiar como son las herramientas de
comunicación, negociación, resolución de conflictos.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS)(2017) en la educación
para la convivencia hay que tener en cuenta la importancia de educar a las
nuevas generaciones en aceptar la diversidad, y lo importante de comprender
que existe un grupo de personas, que por diversas causas presentan una
característica funcional diferente (discapacidad) y que, han sido vistas más por
su deficiencia que limita su capacidad de participar de la vida en sociedad y