Cambio en la estructura etaria de la población de América Latina, período 1990-2022
Change in the age structure of the population in Latin America, 1990-2022
Évolution de la structure par âge de la population d’Amérique latine, période 1990-2022
1,2,3,4 Universidad Técnica de Machala. Machala, El Oro, Ecuador.
Código JEL: J11, J18, O15, R23, I15
Citacion sugerida: Paredes Erique, S. A., Sotomayor Pereira, J. G., Quezada-Abad, C. J., Brito-Gaona L. F. (2026). Cambio en la estructura etaria de la población de América Latina, período 1990-2022. Revista ECA Sinergia, 17(1), 1-14. https://doi.org/ 10.33936/ecasinergia.v17i1.7254
Recibido: 16/01/2025
Aceptado: 19/02/2026
Publicado: 20/02/2026
Autores
1 Steeven Ariel Paredes Erique
2 Jorge Guido Sotomayor Pereira
3 César Javier Quezada-Abad
4 Luis Felipe Brito-Gaona*
Resumen
La población es un componente estructural del desarrollo económico, social y cultural de las sociedades. En América Latina, la evolución de sus características demográficas ha estado estrechamente vinculada con los cambios en el entorno económico, político y social. Este estudio analiza dichas transformaciones entre 1990 y 2022, a partir de datos oficiales de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), organismos respaldados por las Naciones Unidas. Se aplicó una metodología cuantitativa de tipo descriptivo, con un diseño longitudinal retrospectivo. Los resultados revelan que la población masculina representa el 49.32% y la femenina el 50.68% del total, la tasa bruta de natalidad presenta un promedio de 21.1 nacimientos por mil habitantes, mientras que la tasa bruta de mortalidad se sitúa en 6.85 por mil. La esperanza de vida al nacer alcanza un promedio de 71.55 años durante el periodo de estudio, aunque su tendencia se vio afectada negativamente en los últimos años debido a la pandemia de COVID-19. Asimismo, la migración internacional presentó un saldo neto promedio de -2,51 por mil habitantes, lo que plantea desafíos en materia de empleo y refuerza la dependencia de remesas en algunos países. Estos hallazgos subrayan la necesidad de políticas públicas integrales que consideren las dinámicas demográficas en el diseño de estrategias de desarrollo sostenible para la región.
Palabras clave: Población, Latinoamerica, Demografía, Grupos etarios.
Abstract
The population is a structural component of the economic, social, and cultural development of societies. In Latin America, the evolution of its demographic characteristics has been closely linked to changes in the economic, political, and social environment. This study analyzes these transformations between 1990 and 2022, based on official data from the Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC) and the Latin American and Caribbean Demographic Centre (CELADE), both supported by the United Nations. A quantitative descriptive methodology with a retrospective longitudinal design was applied. The results reveal that the male population represents 49.32% and the female population 50.68% of the total. The crude birth rate averaged 21.1 births per 1,000 inhabitants, while the crude death rate stood at 6.85 per 1,000. Life expectancy at birth reached an average of 71.55 years during the study period, although this trend was negatively affected in recent years by the COVID-19 pandemic. Likewise, international migration showed an average net rate of -2.51 per 1,000 inhabitants, posing employment challenges and reinforcing remittance dependency in some countries. These findings highlight the need for comprehensive public policies that incorporate demographic dynamics into the design of sustainable development strategies for the region.
Keywords: Population, Latin America, Demography, Age groups
Résumé
La population constitue un élément structurel du développement économique, social et culturel des sociétés. En Amérique latine, l’évolution de ses caractéristiques démographiques a été étroitement liée aux transformations de l’environnement économique, politique et social. Cette étude analyse ces changements entre 1990 et 2022, à partir de données officielles de la Commission économique pour l’Amérique latine et les Caraïbes (CEPAL) et du Centre latino-américain et caribéen de démographie (CELADE), organismes soutenus par les Nations Unies. Une méthodologie quantitative de type descriptif a été appliquée, selon un design longitudinal rétrospectif. Les résultats indiquent que la population masculine représente 49,32 % et la population féminine 50,68 % du total. Le taux brut de natalité présente une moyenne de 21,1 naissances pour mille habitants, tandis que le taux brut de mortalité s’établit à 6,85 pour mille. L’espérance de vie à la naissance atteint une moyenne de 71,55 ans au cours de la période étudiée, bien que sa tendance ait été affectée négativement durant les dernières années en raison de la pandémie de COVID-19. Par ailleurs, la migration internationale a enregistré un solde net moyen de -2,51 pour mille habitants, ce qui pose des défis en matière d’emploi et renforce la dépendance aux transferts de fonds dans certains pays.
Ces résultats soulignent la nécessité de politiques publiques intégrées prenant en compte les dynamiques démographiques dans la conception de stratégies de développement durable pour la région.
Mots-clés: Population ; Amérique latine ; démographie ; groupes d’âge.
INTRODUCCIÓN
En toda sociedad, los cambios en la estructura etaria reflejan transformaciones profundas en los ámbitos económico, sanitario y de política pública. Estos procesos inciden directamente en la cohesión social y generan la necesidad de adoptar políticas diferenciadas que atiendan las demandas específicas de cada grupo poblacional. En este sentido, los fenómenos demográficos influyen en la configuración socioeconómica, el uso de recursos y la sostenibilidad ambiental.
Desde la perspectiva de la interrelación entre economía y demografía, Nava (2015) sostiene que las tendencias poblacionales afectan directamente el funcionamiento económico, al incidir sobre la oferta y demanda de bienes y servicios, el consumo, la inversión y la dinámica del mercado laboral. Loayza, Servén y Sugawara (2009) añaden que la informalidad, el subempleo y la baja productividad laboral están estrechamente ligados a estructuras demográficas desequilibradas, especialmente en economías en desarrollo.
Por otro lado, el componente juvenil y su vinculación con el empleo constituye otro eje relevante. Salinas y Jiménez (2024) argumentan que una expansión acelerada de la población joven sin políticas adecuadas genera desafíos estructurales en la creación de empleo y amplifica la informalidad. En esta línea, Videgain y Banegas (2020) advierten que el aprovechamiento del bono demográfico depende de políticas macroeconómicas orientadas al empleo formal y la capacitación de jóvenes.
Desde el enfoque de políticas públicas y desarrollo, Oddone (2008) plantea que la dinámica demográfica debe entenderse como una oportunidad estratégica, ya que el capital humano constituye el principal activo de una nación. Así, los cambios en los parámetros de natalidad, mortalidad, migración y esperanza de vida deben guiar la planificación estatal en salud, educación, trabajo y seguridad social.
El presente estudio tiene como objetivo analizar la evolución de las características demográficas de América Latina entre 1990 y 2022 en relación con los cambios económicos, sociales, políticos y culturales que han modelado la estructura poblacional de la región. Para ello, se examinan dimensiones como el crecimiento poblacional, la distribución por sexo, la fecundidad, la mortalidad y la migración, utilizando un enfoque retrospectivo que permite identificar tendencias y desafíos actuales en materia de desarrollo.
Marco teórico
La estructura etaria hace mención a la distribución de la población de una nación según rangos de edad, generalmente divididos en niños, adultos y personas adultas mayores, donde la distribución facilita el análisis de las características demográficas de cada sector. A juicio de Pazmiño (2021), esta clasificación por sectores etarios es la de mayor inclusión por factores en común debido a que todos nacemos, crecemos y envejecemos de manera similar.
El entendimiento de los factores reproductivos ha sido un tema de interés a través de las diferentes etapas de la historia de la humanidad por la necesidad de evaluar el bienestar colectivo mediante factores como la salud materna, el control de enfermedades y políticas de natalidad. No obstante, esta temática ha sido moldeada dependiendo de cada sociedad, es así como Canales (2007) señala que, por ejemplo, en la sociedad industrial la preocupación por la reproducción tuvo especial enfoque en el desajuste que se podría dar entre la dinámica demográfica y la de modernización, cobrando expresión formal en el planteamiento de Thomas Malthus.
La expansión poblacional conlleva desafíos, ante lo cual Torres & Peláez (2017) destacan que la estabilidad de los sistemas de seguridad social y la necesidad de incrementar el gasto en servicios sociales que equiparen el ritmo de crecimiento poblacional, lo que deriva en un mayor gasto público per cápita. Este escenario plantea presiones adicionales sobre la infraestructura, la educación y la salud pública, que deben adaptarse para satisfacer las necesidades de una población en constante aumento.
Según establece Brignoli (2022), la transición demográfica, un concepto que surge a mediados del siglo XX con autores como Frank Notestein (1945) y Kingsley Davis (1949) quienes emplearon la palabra luego de la Segunda Guerra Mundial. El modelo de Notestein plantea que las sociedades pasan por un cambio continuo en la natalidad y mortalidad a medida que encuentran el crecimiento y posterior desarrollo económico, donde en primera instancia estos indicadores prevalecen, lo que causa un crecimiento demográfico lento o estable que, con el tiempo va disminuyendo la mortalidad gracias a los avances en salud, higiene y tecnología, mientras la población continúa en aumento. En la etapa final, caen los niveles de natalidad como resultado de procesos de urbanización, mejoras en la educación y cambios en los valores sociales respecto a la concepción, provocando que se equilibren las tasas de mortalidad y natalidad.
Kingsley Davis (1949) promulgaba en su estudio sobre la transición demográfica que el proceso de incremento poblacional no sigue una estructura lineal ni uniforme, dado que el cambio en las tasas de natalidad y mortalidad se dan de forma gradual de acuerdo al desarrollo de una sociedad, siendo estas transformaciones una consecuencia de los factores sociales, económicos y culturales de cada una. El aspecto diferenciador con la postura de Notestein radica en que Davis reconoce que este proceso puede ser más complejo y prolongado en países que se encuentran en vías de desarrollo a causa de factores como la resistencia cultural o las desigualdades económicas.
En el contexto latinoamericano contemporáneo, estos modelos de transición demográfica permiten comprender la evolución desigual de los países de la región. Mientras algunas naciones como Uruguay o Chile muestran patrones propios de etapas avanzadas de transición, caracterizadas por baja natalidad y mortalidad, otras, como Bolivia o Guatemala, se encuentran en fases intermedias, donde persisten altas tasas de fecundidad en ciertos sectores rurales o indígenas. La heterogeneidad estructural y las desigualdades persistentes dificultan una transición homogénea en América Latina, lo cual valida la visión de Davis sobre trayectorias diferenciadas en función de factores socioculturales. En particular, la pandemia de COVID-19 alteró temporalmente estos patrones, generando un estancamiento o retroceso en indicadores como la esperanza de vida al nacer (CEPAL, 2022), lo que obliga a revisar las proyecciones demográficas bajo un enfoque más flexible y resiliente ante choques externos.
Los modelos de transición demográfica son pieza clave para darle explicación a las transformaciones demográficas que se observan en países desarrollados y para predecir las variaciones en los países en desarrollo. Además, estos modelos ayudan a identificar las implicaciones de estos cambios, como los desafíos que enfrentan los sistemas de bienestar social, la educación y el empleo, a medida que las sociedades pasan de ser predominantemente jóvenes a tener una población más envejecida. Un claro ejemplo se ve reflejado en la investigación de Portelles (2021) aplicada al caso cubano, donde su realidad en la que su transición hacia un decrecimiento demográfico ha ido a la par con una disminución del PIB, donde un modelo económico que es incapaz de producir los productos y servicios para el que sus habitantes satisfagan sus necesidades primordiales ha sido un factor relevante en este cambio de dinámica poblacional.
Según el Observatorio Demográfico de América Latina y el Caribe (CEPAL, 2022), el envejecimiento acelerado tras la postpandemia evidencia una transición etaria profunda, con un incremento significativo de los adultos mayores y nuevas demandas sociales y de atención pública.
Desde fines de 1960, la mayoría de países de América Latina y el Caribe, según aseveran Peláez & González (2020) han experimentado cambios en su dinámica demográfica, teniendo repercusión en el crecimiento, la estructura etaria y la distribución sobre el territorio de la región. Latinoamerica tiene la particularidad de que cada país posee una notable diferencia entre sus realidades. Así, Yuni & Urbano (2022) atribuyen como causas de esta transformación demográfica dispar a los distintos procesos socioeconómicos tan distintos que llevan a cabo los países y a sus configuraciones políticas y culturales.
Un estudio para la CEPAL realizado por Martínez et al. (1992) caracterizan al comportamiento demográfico de la población de Latinoamerica en un largo tiempo como expresiones medias de una realidad social, económica y cultural fundamentalmente diversa. De esta forma, justifican las disparidades de los parámetros demográficos entre países mediante las múltiples conductas específicas respecto a migración y reproducción. Adicionalmente, en las proyecciones pudieron detectar una desaceleración del ritmo de crecimiento poblacional y un descenso en la participación del segmento joven dentro de la población debido a un decrecimiento en la fecundidad.
Otra investigación realizada por Huarancca & Castellares (2020) se enfocó en estudiar los determinantes del incremento de la población sobre la estructura etaria de un país: Perú, pudiendo deducir que el país atraviesa un periodo de bono demográfico, es decir, una mayor prominencia de personas en edad de trabajar respecto a la población en edad dependiente. En este caso, el cambio en la estructura etaria de una sociedad contribuye positivamente al aumento de la productividad laboral, lo que a su vez beneficia al crecimiento económico.
METODOLOGÍA
Se utilizó una base de datos de acceso público proporcionada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), respaldada por las Naciones Unidas y avalada por el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), organismo especializado en la recopilación, análisis y difusión de estadísticas demográficas regionales.
La presente investigación se enmarca en un diseño longitudinal retrospectivo, dado que se analizaron datos poblacionales correspondientes al período 1990–2022 con el fin de identificar tendencias y transformaciones demográficas a lo largo del tiempo (Guevara et al, 2020). Este tipo de diseño permite observar la evolución de indicadores clave en distintas etapas, reconociendo su relación con eventos económicos, sociales y sanitarios relevantes en la región.
El enfoque metodológico fue cuantitativo y de tipo descriptivo, dado que se buscó caracterizar la dinámica poblacional de América Latina mediante indicadores agregados y comparables. Según Barreto y Lescano (2023), este enfoque permite analizar datos numéricos y establecer patrones generales en el comportamiento de las variables estudiadas.
Las variables analizadas incluyeron, esperanza de vida al nacer, tasa bruta de natalidad, tasa bruta de mortalidad, saldo neto migratorio, y distribución por sexo, extraídas de las estimaciones y proyecciones oficiales publicadas por CEPAL-CELADE. En palabras de Rodríguez & Mendivelso (2018) se recogen los datos de un solo periodo de tiempo, permitiendo así tener una instantánea de una situación dentro de un contexto determinado y facilita comparar características en ese único punto temporal. Estas variables fueron seleccionadas por su relevancia en el análisis de la estructura demográfica y su impacto en la formulación de políticas públicas regionales.
La técnica utilizada fue la observación documental no participante, que consiste en la revisión sistemática de fuentes secundarias sin intervención directa en el proceso de generación de datos (Arias y Covinos, 2021).
RESULTADOS
Evolución de la población
En la región la población pasó de 315 millones de habitantes en 1990 a 394 millones en 2005, denotando un incremento del 25.08%, mientras que al 2022 la población pasó a ser de 463 millones con una variación porcentual respecto al 2005 de 17.53%. Como se corrobora en la Figura 1, la evolución demográfica de América Latina entre 1990 y 2022 muestra un crecimiento sostenido de la población total, acompañado de una reducción progresiva en la tasa de crecimiento poblacional, que descendió en promedio un -1.85% anual, sin que ello implique una disminución absoluta de la población, sino una desaceleración en su ritmo de expansión.
Figura 1.
Evolución de la población total en América Latina (1990–2022)

Fuente: CEPAL (2024).
La expansión poblacional decrece a causa de limitantes en los recursos, donde en el caso de Latinoamerica predominan periodos de crecimiento económico que no son homogéneos ni sostenidos en el tiempo, así como de estar susceptibles a cambios en la economía mundial, mismos que Paredes et al. (2024) reconocen como factores exógenos que se vuelven adversos para la economía de los países en vista de la estrecha conexión que tienen los países debido al comercio internacional.
La fecundidad ha venido disminuyendo como resultado de una mayor planificación familiar, cambios en la paternidad donde tanto hombres como mujeres deciden no ser padres o simplemente tener entre 1 y 2 hijos. También existe una transición demográfica en la que, los países empiezan a tener una mayor predominancia de la pirámide invertida con una mayor representatividad de adultos mayores que de jóvenes, así como una concentración demográfica especialmente en las ciudades que son consideradas el foco de la actividad económica de una región, tal como alega Gómez (2020), entre 1950 y 2020 Latinoamérica pasó de poseer 7 ciudades con más de un millón de habitantes, a tener 71, al tiempo que 5 de las 15 ciudades más pobladas a nivel mundial son latinoamericanas.
Alonso & Mena (2020) plantean que en la actualidad el cambio de la composición etaria de las poblaciones, indicando un paso gradual de sociedades jóvenes a maduras, y de estas a envejecidas, siendo de alcance global, donde el proceso entre países es heterogéneo según la etapa en la que se encuentren. Yánez et al. (2012) en una visión a largo plazo consideran que una población estancada refleja una economía debilitada, en tanto que la superación de esta problemática es sinónimo de dejar a un lado las trabas al crecimiento económico. Esta es una amenaza para el sistema de seguridad social que está condicionada por el protagonismo que tienen los sistemas contributivos en Latinoamerica, por ello los beneficios que se otorgan están relacionados con las aportaciones realizadas, en consecuencia, la viabilidad del sistema está ligado a las aportaciones individuales y de las empresas.
De acuerdo a Colectivo Ioé (2013) cuando el mercado laboral de un país no tiene la capacidad de abarcar una mayor oferta de mano de obra, las variaciones en la población económicamente activa no influyen en el ámbito económico de un país. Por otro lado, Torres (2012) señala que el desafío del crecimiento demográfico reside en que el inacceso al empleo implica una mayor población excluida, que no solo estará exenta de producir, sino que no tendrá la posibilidad de acceder al consumo por sus propios medios y por tanto, de estimular la economía.
Acorde a Miró & Carmen (2006) el proceso de transición demográfica que atraviesa Latinoamerica altera la estructura por edades con una disminución de la proporción de los menores de 15 años, a la vez que se genera un importante crecimiento del grupo de mayores de 60 años. En línea con lo anterior, de acuerdo a Peláez & González (2021) el siglo XX ha sido el periodo de crecimiento poblacional, mientras el siglo XXI se ha constituido como un periodo de avance del envejecimiento, pasando de ser sociedades jóvenes a sociedades adultas que se encaminan a ser sociedades envejecidas.
Aguirre (2016) menciona que, el crecimiento de la población en edad de trabajar, denominado “bono demográfico”, puede beneficiar el crecimiento económico de una sociedad al disponer de un gran contingente de personas que disponen su fuerza laboral y su retribución en ingresos, pudiendo estimular la producción, ahorro e inversión. A pesar de aquello, la realidad del complicado escenario labora en el sur del continente americano ocasiona que se geste una mayor mano de obra no empleada, lo que desemboca en el crecimiento de formas de trabajo no adecuado.
Población por género
En 1990, la población masculina representaba aproximadamente el 50.3% de la población total, mientras que la femenina constituía el 49.7%. Para 2022, estas proporciones se han mantenido relativamente estables, con la población masculina en torno al 50.1% y la femenina al 49.9%.
Figura 2.
Distribución de la población masculina y femenina de Latinoamerica (miles de personas)

Fuente: CEPAL (2024).
Como se evidencia en la Figura 2, no existe mayor predominancia de un género sobre el otro en la región, como resultado de una diferencia porcentual mínima que se ha mantenido de forma sostenida en el tiempo y que ha mostrado estabilidad, por ello la transición demográfica en cuanto al número de personas por género no tiene mayor implicancia en Latinoamérica. En términos de estructura por sexo, estas cifras han mantenido una distribución relativamente constante a lo largo del periodo.
Tasa bruta de natalidad
El cambio en el indicador de natalidad, como se observa en la Figura 3, presenta un estado de declive con un ritmo de decrecimiento en promedio del 1,74% anual, esto obedece principalmente a una reducción en el número de hijos por mujer como parte de un cambio cultural donde las personas cada vez más se cuestionan la decisión de ser padres debido al costo de oportunidad que conlleva el tiempo y la inversión que amerita tener un hijo, así como la planificación familiar donde el número de hijos que puede llegar a tener una familia es cada vez menor y existe una tendencia cada vez mayor con los años donde las personas deciden simplemente no ser padres.
Figura 3.
Evolución de la tasa bruta de natalidad de Latinoamerica (tasa por mil habitantes)

Según Torres (2012), esta caída en la natalidad contribuye al proceso de envejecimiento demográfico, como consecuencia influye en las perspectivas de una inminente disminución de la población económicamente activa. En otro ámbito, la tendencia de la natalidad en declive y los niveles de envejecimiento no necesariamente supone un problema demográfico, sino de la distribución, pues el desafío está en darle un mayor enfoque a la atención social de la población adulta mayor.
El crecimiento de la población adulta mayor genera un incremento en los gastos destinados hacia la seguridad social por el hecho de que este subgrupo de la población requiere mayor atención médica porque a medida que las personas envejecen se incrementa la probabilidad de que padezcan enfermedades crónicas. Algunas proyecciones como la de la División de Población de la ONU (2019) estiman que, en Latinoamérica, la población de 65 años o más que en 2019 se situaba alrededor del 9% podría pasar a ser del 19% en 2050.
El incremento de la población no conduce obligatoriamente a incrementos cuantitativos en la productividad de un país dada una elevada población económicamente activa, considerando que un menor esfuerzo reproductivo puede responder a una mayor productividad mediante la eficiencia en las actividades económicas. En este enfoque, Ramírez (p. 5, 2011) menciona que la productividad conseguida en una economía provoca que sean innecesarios los elevados niveles de fecundidad dado que familias con menos miembros facilitan una mayor atención a la crianza por hijo, por consiguiente, requieren más concentración de recursos.
Tasa bruta de mortalidad
La tasa de mortalidad, venía presentando una reducción como consecuencia de avances en la nutrición de los ciudadanos, infraestructura de las urbes, expansión del saneamiento básico, aumento del acceso a agua potable, mejoras en la tecnología médica y modernización de métodos modernos en el campo de la salud (CEPAL, 2022). Esta importante disminución en las últimas décadas, como se visualiza en la Figura 4, se contrajo hasta 2019 en un promedio anual del -0.25%. El punto de inflexión que pausó esta tendencia a la disminución constante de la mortalidad fue dado por la emergencia sanitaria del 2020, que trajo por consiguiente un incremento en la tasa de 11.63% respecto al año anterior, siendo esta problemática acentuada un año más tarde, teniendo un aumento de 11.36% para 2021, registrando así una tasa de mortalidad de 8.64.
Figura 4.
Tasa bruta de mortalidad de Latinoamerica (tasa por mil habitantes)

Fuente: CEPAL (2024).
La teoría de la Revolución Reproductiva, propuesta por Kingsley Davis (1949), sostiene que el desarrollo económico provoca que las sociedades entren en una transición demográfica donde la mortalidad inicialmente disminuye y la natalidad se mantiene alta. Asimismo, Benavides et al. (2022) indican que el impacto de la mortalidad en personas en edad de trabajar tiene una incidencia mayor en países de renta media y baja que en los de renta alta, por lo que significa de pérdida de capital humano y una mayor reducción de la esperanza de vida. De igual forma, la mortalidad en combinación con elementos como la pobreza, la miseria, la falta de bienestar y felicidad entre las personas repercute a espirales y círculos viciosos comportamentales de los que es difícil salir (O’Bourke, 2023).
Esperanza de vida al nacer
La EVN en la región ha presentado un notable crecimiento, como lo demuestra la Figura 5, puesto que en tres décadas se logró transitar de un promedio de 67.42 en 1990 a 74.63 en 2019. La pandemia marcó un importante retroceso en el índice de natalidad, en vista que representó un retroceso de 10 años en el avance que se había conseguido en el aumento de la EVN. El impacto de la COVID-19 en interrupciones de los servicios de salud reproductiva, materna, neonatal, infantil y adolescente, se atribuye a disrupciones en la cadena de suministro, menos capacidad de gasto de la población, decisiones políticas que alteraron el funcionamiento de los sistemas médicos y una menor demanda de servicios de salud reproductiva a causa de restricciones a la movilidad (OPS, 2021).
Una mayor esperanza de vida significa un mayor número de años en retiro, situación que han comprendido países como Suiza, Canadá e Israel al modificar las tasas de contribución, en tanto países como Dinamarca y Países Bajos han optado por indexar la edad de retiro a la esperanza de vida (Leitch et al., 2020). Además, el envejecimiento de la población, causado por la disminución continua de la natalidad, lleva a un aumento en la cantidad de personas mayores que dependen de transferencias (ya sea de recursos intertemporales, intergeneracionales o fiscales) y a una reducción en el porcentaje de la población que contribuye a estas transferencias, ya sea mediante ahorro, impuestos o aportes a pensiones.
Uno de los factores que interviene de manera importante cuando se hace referencia tanto a la mortalidad infantil como a la esperanza de vida es la distribución de los ingresos, ya que aquellos países en donde dicha distribución es muy desigual tienen mayores índices de mortalidad infantil y una menor expectativa de vida. Un actor que tiene alto protagonismo es el Estado, puesto que en los países latinoamericanos posee una alta presencia en servicios sociales que no han logrado mitigar la problemática de la mortalidad infantil, que se agrava con componentes como la exclusión social y el acceso geográfico (Cajamarca et al., 2020).
Figura 5.
Evolución de la esperanza de vida promedio al nacer en Latinoamerica

Fuente: CEPAL (2024).
La esperanza de vida al nacer alcanzó un promedio de 71.55 años, con un incremento sostenido en las primeras dos décadas del análisis. Sin embargo, en los últimos años del periodo, esta tendencia positiva se vio interrumpida por el impacto de la pandemia de COVID-19, que afectó principalmente a los grupos etarios mayores.
La pandemia marcó un importante retroceso en la esperanza de vida, en vista que representó un retroceso de 10 años en el avance que se había conseguido en el aumento de la EVN. En este sentido, se ha evidenciado que el grupo poblacional que crece más rápidamente es la población de 60 años y más, y dentro de ese segmento, la población mayor o igual a 80 años con una tasa anual de crecimiento del 3,94% para América Latina y El Caribe (Albala, 2020). Peláez & Ribotta (2008) afirman que la tendencia del envejecimiento de la población tiene efectos sobre el consumo, el ahorro, la disponibilidad de trabajadores, la oferta de servicios, las relaciones entre generaciones, la equidad social y de género.
Una población de mayor edad generaría deflación o reducción en la inflación, como aseveran Castellares et al. (2024) este grupo poblacional tiene menor consumo en el área de vivienda y transporte, mientras presentan mayores gastos en atención médica, produciendo cambios en los precios relativos de la tierra, trabajo y capital. Además, la población adulta mayor que depende de la asistencia económica de sus hijos o reciben ingresos fijos por pensiones se pueden ver limitados en sus hábitos de consumo, en contraposición con una población de predominancia joven, estos se encuentran en capacidad plena para laborar, por lo cual existe mayor posibilidad de acceso crediticio y poseen una mayor demanda de tecnología, educación, movilidad, vivienda, entretenimiento y ocio.
Las legislaciones de los distintos países latinoamericanos poseen beneficios fiscales o exenciones en impuestos para la población de tercera edad, así como reducciones en tarifas, descuentos en bienes y servicios, devolución de tributos y subvenciones. Sumado a eso, una gran proporción de adultos mayores puede provocar que decrezca la base de contribuyentes, pudiéndose entender que este sector demográfico suele estar en etapa de jubilación en tanto no generan ingresos que puedan estar sujetos a tributar sobre la renta. En este ámbito, desde el punto de vista de Villacreces et al. (2022) los países que implementan beneficios tributarios provocan un sacrificio recaudatorio que es recompensado con un incremento del consumo.
Tasa de migración
Latinoamerica posee un mayor flujo de personas que abandonan la región y buscar alojarse en otros destinos, tal como se comprueba con la Figura 6, donde los valores predominantes son inferiores a cero, lo cual indica que existe una mayor dominancia de la migración sobre la emigración. Esto no obligatoriamente implica una mayor fuga de cerebros de empresarios, profesionales, artistas y personas en situación de pobreza que abandonan sus países en busca de mejores oportunidades, motivados por el desempleo, la informalidad y porque estos países poseen cargas tributarias y leyes restrictivas que no fomentan la creación de empresas y el empleo (Luchilo, 2017).
La migración internacional presentó un saldo neto promedio de -2.51 por mil habitantes, lo cual refleja un patrón migratorio expulsor en varios países de la región. Este fenómeno ha tenido implicaciones directas en la estructura del mercado laboral y en el aumento de la dependencia de remesas como fuente de ingreso.
Figura 6.
Tasa de Migración en Latinoamerica (por cada mil habitantes)

Fuente: CEPAL (2024).
En línea con la Organización Internacional para las Migraciones (2020) el número de migrantes intrarregionales en Latinoamérica se redujo de 2 (2010) a 1.1 (2019), cuya población se destaca sobre la extrarregional, en parte por los crecientes flujos regionales en las últimas décadas. Para 2022 los países que concentran la mayor tasa de emigración son: Guyana (4.81), Chile (3.40), y Colombia (3.23).
La tasa de migración para el territorio latinoamericano ha registrado un flujo negativo de migrantes, lo que implica predominancia de la emigración en la región y una mayor proporción de personas que dejan su país para establecerse en otro. Esta salida de la población hacia otras áreas geográficas ha potenciado el proceso de transición demográfica, considerando que el perfil de migración tendió a descansar sobre perfiles de población joven en edad de trabajar (Berganza et al., 2020).
Los migrantes terminan aportando a la economía a través de las remesas que son enviadas a las familias, representando una fuente de ingresos en sus países de origen, siendo esto reflejado en el monto de dinero recibido en América del Sur, que para el año 2021 se registró un monto aproximado de 120 mil millones por concepto de remesas.
En la última década el pronunciado flujo migratorio ha sido protagonizado por Venezuela, donde millones de personas se han visto en la necesidad de buscar refugio en otros países debido a la conmoción económica y política, producto de la hiperinflación, el control de precios, la expropiación de empresas privadas, las restricciones al mercado de divisas y la represión de la libertad de expresión.
DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos en este estudio confirman y amplían la comprensión de las tendencias demográficas en América Latina entre 1990 y 2022, evidenciando un incremento sostenido de la población y un descenso progresivo en la tasa de crecimiento anual. Estos hallazgos coinciden con los planteamientos de autores como Brignoli (2022), quien destaca la transición demográfica como un proceso que modifica de manera desigual las estructuras etarias en los países en desarrollo. Sin embargo, este trabajo aporta una perspectiva más detallada sobre los cambios en la fecundidad, migración y esperanza de vida, permitiendo una comprensión integral de los cambios estructurales en la región.
Un aspecto relevante de este estudio es la confirmación de una creciente tendencia de envejecimiento de la población, alineándose con los hallazgos de Peláez y González (2020), pero también revelando nuevas implicaciones sociales y económicas de este fenómeno, como el impacto en las tasas de natalidad y mortalidad. El declive constante en la natalidad, reflejado en una media anual del 21.1, y el incremento en la esperanza de vida al nacer, con un promedio de 71.55 años, subrayan la necesidad de revaluar las políticas públicas para adaptar los sistemas de salud y seguridad social a las necesidades de una población envejecida. Esto confirma las advertencias de Torres y Peláez (2017) sobre las presiones que enfrenta la infraestructura social ante una transición demográfica acelerada.
En consonancia con la aceleración del envejecimiento poblacional en América Latina, investigaciones recientes señalan que esta tendencia se ve acompañada por un aumento de enfermedades crónicas no transmisibles y una creciente necesidad de cuidados de largo plazo. Flores Sánchez et al. (2024) destacan que este fenómeno plantea desafíos urgentes en la construcción de sistemas integrales de atención que garanticen la calidad de vida y la dignidad de las personas mayores. Estos desafíos no solo requieren intervenciones sanitarias, sino también una base financiera y social sólida para sostener modelos de cuidado adaptados a las realidades económicas, culturales y sociales de la región.
En cuanto a la migración, los valores negativos observados durante el período de estudio (con una media de -2.51) reflejan una fuga constante de talento y mano de obra hacia otras regiones, planteando desafíos significativos para la economía latinoamericana. A diferencia de estudios previos como los de Huarancca y Castellares (2020), que se enfocan en los beneficios del bono demográfico, este trabajo señala que las tasas migratorias negativas agravan la pérdida de capital humano y limitan el aprovechamiento de dicho bono en países en desarrollo.
Un hallazgo distintivo es el retroceso en la esperanza de vida al nacer debido a la pandemia de COVID-19, una situación que no había sido plenamente documentada en estudios anteriores. Este fenómeno evidencia cómo eventos globales inesperados pueden alterar drásticamente las tendencias demográficas, reafirmando la necesidad de sistemas de salud resilientes y flexibles. Además, los cambios en las tasas de natalidad y mortalidad observados durante la pandemia resaltan la vulnerabilidad de las poblaciones ante crisis sanitarias, lo que plantea preguntas críticas sobre la equidad en el acceso a los servicios de salud en la región. Es así como Turra & Fernandes (pp. 8, 2021) plantean que América Latina se enfrentará a los mismos desafíos económicos y tributarios de la envejecida población europea, pero con la añadidura de tres problemas adicionales: un envejecimiento más veloz que en Europa, apoyada de un bajo crecimiento económico y elevada desigualdad.
Aunque este trabajo proporciona una base para comprender las tendencias demográficas en América Latina, presenta limitaciones relacionadas con la disponibilidad de datos actualizados y las diferencias metodológicas entre las fuentes consultadas. Estas limitaciones deberán ser abordadas en investigaciones futuras para validar y ampliar los hallazgos presentados. No obstante, los resultados de este estudio destacan la importancia de considerar la dinámica demográfica en el diseño de políticas públicas orientadas al desarrollo sostenible y la inclusión social en la región.
Además, resulta fundamental reconocer la heterogeneidad demográfica al interior de América Latina, donde subregiones como el Caribe presentan dinámicas distintas a las del Cono Sur. Mientras en el Caribe persisten altas tasas de natalidad y una emigración pronunciada, países del Cono Sur como Uruguay o Chile exhiben estructuras etarias más envejecidas y patrones migratorios menos intensos (CEPAL, 2022). Esta diversidad demanda enfoques diferenciados en las políticas públicas, capaces de responder a las particularidades de cada subregión. Así, se hace necesario diseñar estrategias de desarrollo adaptadas al perfil demográfico específico de cada país, considerando factores como el envejecimiento poblacional, la migración juvenil, y la feminización de la pobreza. Esto permitirá abordar con mayor efectividad los retos sociales, económicos y sanitarios derivados de los cambios demográficos en América Latina.
CONCLUSIÓN
El análisis de la estructura etaria y las dinámicas demográficas de Latinoamérica entre 1990 y 2022 proporciona una visión integral de los cambios que han moldeado la región en las últimas décadas. Este estudio evidencia cómo la transición demográfica está transformando las bases socioeconómicas, con un crecimiento poblacional sostenido pero acompañado de una desaceleración en la tasa de crecimiento anual. Las disminuciones en la natalidad y mortalidad, junto con una esperanza de vida al nacer creciente, demuestran avances significativos en términos de salud pública, aunque la pandemia de COVID-19 marcó un retroceso temporal en estos indicadores.
El fenómeno migratorio destaca como un desafío crucial, con una tasa promedio negativa que refleja una predominancia de emigración en la región. Este factor no solo implica una pérdida de capital humano, sino que también subraya la necesidad de políticas públicas que reduzcan las brechas económicas y sociales, fomenten la retención del talento y aprovechen el potencial económico de las remesas.
La metodología empleada, basada en un enfoque cuantitativo con un diseño longitudinal retrospectivo, permitió identificar patrones que refuerzan la relación entre los cambios demográficos y las estructuras económicas. En este contexto, las dinámicas laborales y el envejecimiento poblacional plantean retos significativos para la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social y la configuración de políticas inclusivas.
En términos de relevancia científica, este estudio aporta un enfoque renovado al vincular indicadores demográficos con implicaciones económicas y sociales específicas de Latinoamérica, superando los enfoques generalistas de trabajos previos. Y aun así, se reconoce la necesidad de incluir análisis cualitativos y proyecciones más precisas para abordar de manera integral los factores subyacentes de las transformaciones demográficas.
Finalmente, se insta a los tomadores de decisiones a diseñar estrategias integrales que logren un equilibrio entre el crecimiento económico, la cohesión social y la sostenibilidad de los sistemas de protección social, considerando la profunda transformación demográfica que atraviesa América Latina. Este estudio proporciona una base empírica para comprender la complejidad del fenómeno poblacional en la región y su interacción con variables macroestructurales. En este sentido, es crucial que las políticas públicas se orienten hacia la construcción de sistemas resilientes, equitativos y adaptativos frente a los desafíos del envejecimiento poblacional, la migración y las desigualdades estructurales, tal como lo sugieren informes recientes de la CEPAL (2022) y el Banco Mundial (2023).
A partir de los hallazgos, se recomienda que futuras investigaciones avancen hacia el uso de modelos proyectivos demográficos, como los modelos de cohortes componentes para anticipar escenarios y orientar decisiones de planificación a largo plazo. Asimismo, se sugiere incorporar enfoques metodológicos mixtos que integren análisis cuantitativos con dimensiones cualitativas de carácter cultural, de género y territorial. Esta perspectiva ampliada permitiría captar mejor la heterogeneidad regional y las trayectorias demográficas diferenciadas, especialmente en contextos postpandemia, donde emergen nuevas dinámicas de vulnerabilidad y exclusión social. Profundizar en estas líneas contribuiría no solo al diseño de políticas públicas más sensibles y eficaces, sino también al fortalecimiento del capital humano y al aprovechamiento del bono demográfico en los países latinoamericanos.
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