18 RECUS. REVISTA ELECTRÓNICA COOPERACIÓN - UNIVERSIDAD – SOCIEDAD. UTM – ECUADOR ISSN 2528 - 8075
Díaz Pontones, Mora Gutiérrez
Estos temas son el motivo de la investigación, son como dirían en el
mundo de la música la melodía: temas que se repiten desarrollándose en
distinta forma a lo largo del trabajo. Cada capítulo da un giro ascendente,
pero en él, se recuperan las construcciones ya propuestas para armar sobre
ellas nuevas aproximaciones.
Ante la interrogante ¿Cómo te construyes como estudiante en tanto
interno? en el capítulo II. El dilema de ser estudiante en reclusión.
Descubrí que puedo ser estudiante, abordamos la identidad. Se puede
señalar que la identidad se construye o mejor dicho se va construyendo; se
genera y regenera en el despliegue de la práctica de existir, y se redefine
en cada presente vivido o en otras palabras no somos, sino que estamos
siendo. Es en este estar siendo, donde la decisión de estudiar, la elección
de una carrera y las expectativas sobre el ejercicio de la profesión van
constituyendo el ser y hacer del estudiante universitario. La expresión de
uno de los entrevistados de "descubrí que puedo ser estudiante y no
interno" encierra no solamente la intencionalidad de un proyecto-meta, la
confección de un nuevo lugar, el contenido de una representación, habla
de la elaboración de un diferente sentido que, si bien es personal, lo es
social, se da dentro de un contexto cultural e histórico.
Bajo la pregunta ¿Es posible construir espacios de encuentro entre
ambas instituciones, más allá de los convenios firmados y los espacios
asignados? Se trabajó el capítulo III. La Universidad como proyecto
formador y la institución carcelaria. Se puede decir que si el personal
institucional de los centros de reclusión y en particular de los centros
escolares pudiera acercarse a las percepciones -teorías y creencias- que los
estudiantes construyen, se podrían entablar nuevos y diferentes encuentros
de reflexión y de análisis que favorecieran el trabajo entre las dos
instituciones. Asimismo, es indispensable que se generen las condiciones
necesarias para el desarrollo de las trayectorias educativas de los internos,
así como la urgente necesidad de transformar la visión que se tiene sobre
la educación como un medio de tratamiento o de readaptación.
Con respecto a las preguntas ¿Cómo me veo a través de mi propia
mirada? y ¿cómo creo que me ven los “otros” en tanto estudiante
universitario? en el capítulo IV. Ser yo a través de la mirada de los "otros"
y ser yo a través de mi propia mirada, se abordó cómo se va edificando el
ser y hacer en tanto estudiante universitario. Los entrevistados trascienden
la cotidianeidad carcelaria a partir de los proyectos de vida, de las
expectativas del ejercicio profesional y de la afiliación-pertenencia a la
UACM, ampliado sus posibilidades y valores respecto a los otros y a sí
mismos, han ensanchado sus márgenes de actuación, elección, decisión y
compromiso.
Desde los cuestionamientos ¿De qué forma la vida cotidiana carcelaria
marca a los sujetos dejando en estos las huellas del encierro? y ¿cómo es
que se inserta un programa educativo universitario con estos sujetos
"marcados"? del capítulo V. Características de la reclusión en donde tiene
que insertarse un proyecto educativo, es preciso señalar que, penetrar en la
vida cotidiana carcelaria es complejo, se sabe que la miseria, la violencia,
la desestructuración, la incertidumbre, el miedo, la mortificación y el
resentimiento como dispositivos institucionales "marcan" al interno de
múltiples formas. El PESCER, se insertó en este contexto, en esta
cotidianeidad: son estos "internos marcados” por la institución carcelaria
los que se han convertido en estudiantes, miembros de la comunidad
universitaria. En este contexto, la Universidad como institución y el
PESCER como programa educativo -junto con la familia, entre otros-, han
jugado un papel central para la construcción de la identidad estudiantil. Es
esta "nueva identidad" la que permite en mucho al sujeto resignificar su
vida, así la formación universitaria, el pertenecer a la comunidad
académica, el estar en contacto con los de afuera, el acceso al
conocimiento, a nuevas formas de vivir y de ver-estar-y-pensar el mundo,
permiten edificar nuevos andamiajes y con ello otros y diferentes
proyectos de vida.
En cuanto al cuestionamiento ¿Qué ofrece la Universidad y la
formación universitaria a los estudiantes para resignificar las “marcas” de
mortificación de la vida cotidiana carcelaria? en el capítulo VI. Nada
humano me es ajeno. Lo que cuesta llegar a ser, las reflexiones de los
entrevistados apuntan a que: el PESCER, los espacios y ambientes que
éste genera, la afiliación-pertenencia-identificación, la identidad y el
mundo estudiantil, les han permitido enfrentarse, oponerse y afrontar las
dinámicas de la institución carcelaria y a la vez han potenciado los
recursos personales orientados hacia la construcción de un ser crítico,
pensante, socialmente comprometido y libre: "es poder ver, mirar y pensar
la vida de otra forma", "ha sido una forma de sentirme parte de algo y
vinculado con la sociedad para hacer algo provechoso", "he encontrado un
espacio donde puedo compartir nuevos intereses y valores con mis
compañeras, ahora discutimos y platicamos de los temas de la
Universidad".
La construcción o reconstrucción de una alternativa identitaria, en este
caso la de ser estudiante universitario, requiere de marcos. Contar con una
serie de espacios dedicados a las actividades estudiantiles, disfrutar ciertos
ambientes denominados académicos y culturales, estar en interacción con
materiales y lecturas, escuchar otras voces y la propia. Son los marcos
necesarios para construir o reconstruir en algunos casos, la identidad y el
mundo estudiantil. Por ello, las demandas que hacen los entrevistados
sobre mejores condiciones de estudio -espacios y ambientes estudiantiles,
materiales y acceso a la información entre otras- encierran un reclamo
legítimo que no pueden dejar de atender ni la Universidad, ni los propios
centros de reclusión, si queremos hablar de educación.
4. Discusión
Los capítulos dan respuesta a las preguntas-guía que se formularon y
orientaron el trabajo de investigación: ¿Cómo se incorpora el Programa
educativo de la Universidad en los reclusorios del Distrito Federal?, ¿qué
nos dicen esos sujetos, que ahora además de ser internos, se han
construido como estudiantes universitarios?, ¿qué nuevas arenas, marcos y
papeles se han definido a partir de articular este programa en los centros
escolares?, ¿qué atribuciones de significado le han dado los estudiantes a
la formación universitaria en reclusión?
Algunos resultados de esta investigación, desde esta perspectiva,
arrojan explicaciones y acercamientos para una mayor comprensión de la
complejidad de los procesos de formación universitaria en situación de
reclusión, de ellos, se podrían derivar nuevas formas y estrategias de
diálogo y trabajo con el personal institucional carcelario.
El centro escolar, más allá de ser parte inherente del sistema de la
institución penitenciaria, debe responder a su función central: educar a los
individuos y no rehabilitar, readaptar o reinsertar a los internos. Analizar
los compromisos y tareas que la sociedad les ha encomendado, los obliga
a comprender el carácter social de las interacciones de la vida cotidiana