1. Introducción
Desde siempre el hombre ha interactuado con el medio y lo ha
modificado. Con el crecimiento de la población y el desarrollo de la
tecnología, han aparecido también problemas como la explotación
intensiva de los recursos del planeta Tierra. Las demandas crecientes de
recursos naturales actuales están produciendo un desgaste cada vez más
acelerado de la capacidad del medio ambiente para sustentar la vida. Tal
es así que la comunidad internacional está comenzando a ser consciente
de la necesidad de reconocer la educación ambiental como una de las vías
más adecuadas para hacer frente a los serios problemas ambientales que
enfrenta la sociedad contemporánea.
A partir de la década de los años 70 se ha evidenciado un deterioro
creciente del entorno, propiciado en gran medida por la acción del
hombre. Es en esta década que se sientan las bases para concebir una
nueva relación del hombre con el planeta. Esta nueva concepción ha
permitido que aparezcan movimientos y organizaciones que guíen la
forma de actuar de las agendas nacionales e internacionales. De ahí que la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), mencione que es
indispensable dirigir la educación en cuestiones ambientales tanto a los
jóvenes como a los adultos de manera que se pueda lograr una conducta
de los individuos y la sociedad responsable en cuanto a la protección y
mejoramiento del medio ambiente (ONU, 1992). Con esta declaración la
ONU marca un hito en materia ambiental, iniciando un programa mundial
para enfrentar los problemas del medio ambiente, otorgando a la
educación ambiental un papel protagónico en cuanto a crear una
conciencia social de la necesidad de cuidar el medio ambiente (UNESCO,
1980).
Esta responsabilidad colectiva a la que hace referencia la ONU es algo
que no se trabaja en el aula con frecuencia. Este desconocimiento de un
gran número de la población mundial hace que las personas tengan cierto
escepticismo de que los daños al medio ambiente puedan ser producidos
por el actuar humano cotidiano, algo tan sencillo como desechar una hoja
de papel innecesariamente.
Posterior a la conferencia de Estocolmo, en el año 1977, se crea el
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA),
que puso en marcha el Programa Internacional de Educación Ambiental
(PIEA) (PNUMA, 1977). Por su parte, en la Agenda 21, en la sección IV
se destaca la necesidad de fomentar la educación, la capacitación y la toma
de conciencia en función del desarrollo sostenible (Agenda 21, 1992).
En Ecuador estos propósitos se materializan como una idea rectora de
los derechos del Buen Vivir. En la Constitución de la República de
Ecuador, en el Art. 14 “… se reconoce el derecho de la población a vivir
en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, que garantice la
sostenibilidad y el buen vivir” …; se destaca que la preservación del
ambiente, la conservación de los ecosistemas, la biodiversidad y la
integridad del patrimonio genético del país, la prevención del daño
ambiental y la recuperación de los espacios naturales degradados tienen
que ser de interés público. Como nexo para lograrlo se establece en el Art.
27 de la misma que “la educación se centrará en el ser humano y
garantizará su desarrollo holístico, en el marco del respeto a los derechos
humanos, al medio ambiente sustentable” (Asamblea Constituyente del
Ecuador, 2008).
La Constitución de la República de Ecuador también hace referencia
a que “La educación es indispensable para el conocimiento, el ejercicio de
los derechos y la construcción de un país soberano, y constituye un eje
estratégico para el desarrollo nacional”. Y se asume como responsabilidad
del Estado, según se plantea en el Art. 347, numeral 4, “… asegurar que
todas las entidades educativas impartan una educación en ciudadanía,
sexualidad y ambiente, desde el enfoque de derechos” (Asamblea
Constituyente del Ecuador, 2008).
Este marco constitucional constituye una herramienta para promover
la educación ambiental como una vía para lograr la responsabilidad
colectiva de todos los ecuatorianos. Suscrito como uno de los anhelos del
Plan Nacional para el Buen Vivir, 2013-2017, referido a la necesidad de
mejorar la educación “… en todos sus niveles y modalidades” …; en este
se expresa la necesidad de incorporar en los programas y actividades de
aprendizaje y en la vinculación con la comunidad el fomento de “… una
cultura de afectividad y responsabilidad con los seres humanos y la
naturaleza”. Este plan también señala lo importante que resulta fortalecer
el papel de los docentes para formar ciudadanos responsables y
comprometidos con el patrimonio cultural material e inmaterial, el
patrimonio natural y el desarrollo sustentable (Gobierno de la República
de Ecuador, 2013).
De ahí que uno de los objetivos de los programas de educación, como
lo establece el Art. 38 del Código de la Niñez y Adolescencia se refiera a
que:
…La educación básica y media asegurarán los conocimientos,
valores y actitudes indispensables para el respeto al medio
ambiente. Más adelante, el mismo cuerpo legal, al referirse a los
deberes, capacidad y responsabilidad de los niños, niñas y
adolescentes establece como un deber de estos respetar y
contribuir a la preservación del medio ambiente y de los recursos
naturales (Congreso Nacional, 2003).
En esa misma línea de acción, la Ley Orgánica de Educación
Intercultural establece, como un fin de la educación ecuatoriana fomentar
y desarrollar una conciencia ciudadana para:
… la conservación, defensa y mejoramiento del ambiente; para
el logro de una vida sana; para el uso racional, sostenible y
sustentable de los recursos naturales; y al mismo tiempo, señala
como una obligación del Estado en materia educativa, asegurar
que todas las entidades educativas desarrollen una educación en
participación ciudadana, exigibilidad de derechos, inclusión y
equidad, igualdad de género, sexualidad y ambiente, con una
visión transversal y enfoque de derechos (Asamblea Nacional,
2011).
Teniendo en cuenta los aspectos mencionados debe quedar claro que
las entidades educativas deben realizar cambios en los métodos y el
enfoque de la educación ambiental, abrir canales de análisis, generación
de ideas, participar de los aportes de otros, logrando una cultura
ambiental. Esta manera de actuar constituye el principio rector de la
educación ecuatoriana y desarrolla valores en los ciudadanos que le
permiten interactuar con la sociedad con respeto, responsabilidad,
honestidad y solidaridad, aplicando los principios del Buen Vivir
(Ministerio de Educación de Ecuador, 2010).
Para lograr este propósito, el Ministerio de Educación promueve el
proyecto Escuelas del Buen Vivir, donde se exhorta a las instituciones
educativas a alcanzar una acreditación y que se conviertan en espacios que
generen e implementen una cultura del Buen Vivir en la comunidad
educativa, generen un cambio de actitud con respecto al cuidado del
entorno natural y social, y desarrollen valores y conductas orientadas a la
equidad, la inclusión, la interculturalidad y la participación de la