1. Introducción
El fenómeno de la incubación empresarial surgió a principios
del siglo XX en Estados Unidos (Etzkowitz, 2002b; Etzkowitz,
2002a; Etzkowitz, 2019), pero no es hasta la década de los 70 que
toma auge y se expande a otras regiones como Europa y Asia.
Actualmente, se ha extendido a todas las regiones del mundo,
surgiendo casos exitosos y con amplio reconocimiento
internacional, tanto en países con economías desarrolladas, como
con economías emergentes o subdesarrolladas (Al-Mubaraki &
Busler, 2013; Mian et al., 2016).
Esta fue una práctica que no demoró en ser adoptada e
impulsada por el sistema empresarial en diversos sectores,
principalmente industriales, restándole a las universidades su
papel dentro del ecosistema de innovación. Sin embargo,
“muchas universidades a nivel mundial participan activamente en
el desarrollo de programas innovadores para promover la
innovación y el espíritu empresarial, considerados motores del
crecimiento económico y el desarrollo en esta era del
conocimiento” (Mian, 2011, pág. 114).
La literatura sobre incubación empresarial, donde se incluyen
las incubadoras de empresas universitarias (UBIs, por sus siglas
en inglés), ofrece una gran diversidad de conceptos, que en cierta
medida dificulta la consolidación de la teoría. No obstante,
presentan elementos en común que sirven de base para la
identificación de las principales características. Peters et al., 2004
consideran que una incubadora de empresas es una forma
organizativa innovadora y en constante evolución que funciona
como una vía para el desarrollo empresarial. Se enfocan en llevar
a cabo programas de incubación que brindan a los proyectos
acceso a espacio de alquiler con tasas flexibles, servicios y
equipos empresariales básicos compartidos, tecnología, servicios
de soporte, y asistencia en la obtención del financiamiento
necesario para el crecimiento de la empresa (Lewis et al., 2011).
“Las incubadoras de empresas afiliadas o gestionadas por
universidades brindan grandes ventajas a los emprendedores,
porque pueden facilitar los vínculos con la industria, la sociedad
y entidades gubernamentales” (Hassan, 2020, pág. 2)
Estos espacios contribuyen al establecimiento de las spin-off,
así como a la creación de empleos, de nuevos mercados y de
tecnología (Etzkowitz, 2002a; Somsuk & Laosirihongthong,
2014). La supervivencia y éxito de una empresa incubada es
mucho mayor que la de una empresa no incubada Baraldi &
Ingemansson, 2016; Barbero et al., 2012 porque reciben apoyo
en las etapas tempranas de desarrollo disminuyendo los riesgos.
No obstante, es necesario profundizar y continuar investigando
teórica y empíricamente para explicar cómo influyen los
objetivos, la tipología, las características de cada una y el contexto
en su desempeño (Theodorakopoulos et al., 2014; Barbero et al.,
2012; Fuster Martín, 2017; Peters et al., 2004).
Diferentes estudios sobre incubadoras de empresas
universitarias se han centrado en la evolución que han sufrido
estos espacios (Nicholls-Nixon et al., 2021) en la relación entre
las universidades y las UBIs (Hassan, 2020), así como la tipología
de las UBIs (Nicholls-Nixon & Valliere, A framework for
exploring heterogeneity in University Business Incubators, 2020).
Otras investigaciones en las que se han incluido a las UBIs se han
centrado en la medición del desempeño y en definir los factores
de éxito de las incubadoras (Hackett & Dilts, 2004b;
Theodorakopoulos et al., 2014; Siddiqui et al., 2021; Rathore &
Agrawal, 2021), los cuales pueden ser considerados elementos
que caracterizan a estos espacios. Entre los factores señalados
para las UBIs se encuentran: la vinculación con la academia; la
política de selección de incubados; el acceso a financiamiento y
capitalización de las empresas; el acceso a redes de contactos;
tener un programa con misión, objetivos, procedimientos y
políticas bien definidas; y la existencia de servicios de apoyo y
asesoría.
Otras investigaciones como Baraldi y Ingemansson (2016) y
Mian (1996) realizan propuestas para el análisis de estos espacios
a partir de definir componentes o dimensiones que los
caracterizan, los cuales pueden ser utilizados para la evaluación
de su desempeño. En Baraldi y Ingemansson (2016) se definen
siete componentes clave de la incubación empresarial que
caracterizan de forma general a una incubadora y que contemplan
varios de los factores de éxito anteriormente mencionados, estos
son: lugar (place); tiempo (duración de los procesos); fuentes
(tipos de proyectos a incubar); recursos materiales e inmateriales;
control o gobernanza; servicios o actividades; y resultados. Por su
parte, Mian (1996) se enfoca en las incubadoras universitarias
donde se identifican 12 dimensiones específicas para su
caracterización: origen de las instalaciones (referido al origen,
crecimiento de la infraestructura y de otros recursos); objetivos;
diseño organizacional (referido a locación y relación con la
universidad y otras organizaciones); gobernanza y administración
de políticas; revisión del desempeño de los incubados; apoyo
institucional; selección/contratación del personal; fuentes de
financiamiento; Tecnología y emprendedores meta (target);
política estratégica de funcionamiento (se refiere a las estrategias
y procesos principales de incubación); servicios y su valor
agregado; y, supervivencia y crecimiento de las empresas
incubadas.
Aunque las propuestas se diferencian en cantidad y
denominación, las dimensiones de Mian (1996) están contenidas
en los componentes de Baraldi & Ingemansson (2016). Estos
elementos sirven de base para profundizar en el estudio de casos
individuales o colectivos. Por tanto, dado que “las incubadoras
son modelos flexibles que se pueden adaptar de manera creativa
a las necesidades de los países y regiones en diferentes niveles de
tecnología y desarrollo empresarial” (Etzkowitz, 2002a, p. 121),