
RECUS. PUBLICACIÓN ARBITRADA CUATRIMESTRAL. V0L 2, AÑO 2017, No. 2 (Mayo - Agosto)45
Miqueli Rodríguez, Polo Robaina
muy heterogénea formación. Por ello, se acrecienta la necesidad de
reforzar el trabajo metodológico.
Según un colectivo de autores del Centro de Estudio para la Educación
Superior (CEPES, 1995) se plantea que es necesario lograr desde el propio
trabajo metodológico en los diferentes niveles, que el profesor tenga un
comportamiento acorde con su condición de profesional y de educador,
que se establezca un nivel de comunicación efectiva con sus estudiantes lo
que propicia un clima armónico y el logro de un efectivo aprendizaje.
Facilite la interacción y la transmisión de opiniones y valoraciones sobre
distintas situaciones docentes o de la vida social en general.
Indudablemente que esta comunicación empática permite al profesor
incidir intencionadamente sobre la formación de la personalidad de sus
educandos.
Destacan, además, que el profesor debe utilizar al máximo todas las
posibilidades que le brinda el proceso de enseñanza-aprendizaje para
lograr efectos educativos en los estudiantes, en estrecha relación con cada
uno de los contenidos de las distintas asignaturas que contribuyen a la
formación de una concepción científica del mundo. Sin embargo, el
profesor no debe contentarse tan sólo con impartir con un elevado nivel
científico su asignatura. Es necesario que desarrolle la sensibilidad
suficiente como educador para aprovechar todas las posibilidades que
brinda el contenido y las diferentes situaciones que se presentan en el
proceso para ejercer una influencia favorecedora.
En función de ese proceso deben ponerse todos los recursos
pedagógicos para impartir no sólo un contenido correctamente concebido
desde el punto de vista científico, sino también con los métodos y
procedimientos que le permitan la participación activa de los estudiantes y
que logren incrementar sus intereses y motivos para el estudio y la
profesión. De ahí la imperiosa necesidad de lograr un profesor competente
didácticamente, en la Educación Superior, a partir de las tres principales
esferas de actuación: docencia, investigación y extensión universitaria.
Estas aunque están estrechamente relacionadas, tienen sus especificidades
que exigen determinados requerimientos para ser un profesor competente
en una esfera en particular.
La literatura consultada acerca del tema es amplia (Mertens.1996;
Miranda, Páez & Silveiro, 2000; Navío, 2001; González 2002), y ofrece
variados criterios acerca de cuáles deben ser las competencias que deben
mostrar estos profesionales. Es importante destacar que las competencias
profesionales que se refieren varían de un centro universitario a otro, pero
en general hay un eje común y es que estas competencias responden a la
necesidad de formar profesionales aptos para desenvolverse en la sociedad
del conocimiento que impone el siglo XXI que se está viviendo.
Se asume la definición de competencia didáctica “como aquella que
permite al profesor universitario dirigir responsable y eficientemente el
proceso de enseñanza-aprendizaje en una o varias disciplinas docentes en
el contexto universitario, con el propósito de promover el egreso de
profesionales en correspondencia con las demandas sociales del momento
histórico concreto (Rodríguez, 2014, s/p).
Por constituir una configuración psicológica compleja, la competencia
didáctica no nace con el profesor universitario, sino que es construida por
él en el proceso de su formación y desarrollo profesional, siendo la
influencia social el factor determinante en este proceso. Esto implica que
la competencia didáctica evoluciona en el tiempo y en el espacio y, por lo
tanto, un profesor universitario que era didácticamente competente ayer en
un centro universitario determinado, puede no serlo hoy o mañana en este
mismo centro o en otra universidad porque las demandas sociales cambian
con el contexto y con el tiempo. De ahí que, el trabajo metodológico que
se desarrolle en las instituciones debe, entre otras tareas, enfocar sus vías
hacia el desarrollo de la competencia didáctica del profesor, de manera tal
que facilite un mejor trabajo dentro de su disciplina, asignatura y clase.
Se percibe, entonces, la necesidad de formar profesionales que puedan
ser capaces de seleccionar, actualizar y utilizar el conocimiento en un
contexto específico; que puedan aprender en diferentes contextos y
modalidades y a lo largo de toda la vida y que adapten el conocimiento a
situaciones nuevas, lo que exige de los profesores universitarios un
perfeccionamiento y renovación en sus competencias didácticas para
enfrentar las demandas sociales actuales.
Dentro de esas competencias Fielden (2001) refiere un grupo de ellas,
que las autoras resaltan: identificar las diferentes formas (vías) que existen
para que los estudiantes aprendan con la utilización eficiente del
diagnóstico; aplicar de manera coherente las TIC en el campo disciplinar,
desde la perspectiva tanto de las fuentes documentales, como de la
metodología de enseñanza; diseñar tareas y situaciones vinculadas a la
solución de problemas profesionales, a la vida, al contexto social y a los
intereses del estudiante; utilizar la comunicación como herramienta del
trabajo educativo de los estudiantes, por tanto debe ser un ferviente
defensor de la lengua materna y demostrar dominio de la didáctica de la
Educación Superior, vista en el desarrollo del proceso de enseñanza-
aprendizaje.
Lo antes expuesto conduce a expresar que para poder lograr calidad
en la universidad, el trabajo metodológico que se diseñe debe revelar
acciones encaminadas a fortalecer y lograr en todo el profesorado las
competencias didácticas antes expuestas. Dentro de otros elementos, estos
deben constituir contenidos esenciales de la actividad metodológica que se
desarrolle en las disciplinas y asignaturas pero fundamentalmente en el
eslabón de base (año académico).
Para lograr este propósito en relación con la formación de los
estudiantes se requiere de un análisis detallado por parte del docente del
plan de estudio, en especial el Modelo del profesional, los programas de
disciplina y asignatura, y llegar a la clase como una de las formas
organizativas del proceso que favorece la adquisición de conocimientos, el
desarrollo de habilidades y la formación de valores e intereses
cognoscitivos y profesionales en los estudiantes.
En tal sentido, Díaz (1998) define que “el Colectivo del Año
Académico desde el punto de vista del trabajo metodológico, incluye y
concreta en él la relación con otros procesos que se dan a nivel de la
Universidad, no solo la Docencia sino también la Extensión y la
Investigación” (p. 87). Más adelante, esta autora señala oportunamente
que “El objetivo de este trabajo es garantizar la transformación de la
personalidad del estudiante en el sentido científico-técnico, profesional y
humano a que se aspira con el modelo del profesional que dirige el
Colectivo de Carrera y se logra con las asignaturas de cada disciplina
docente y la influencia de la conducción acertada de los profesores en este
proceso” (p.88).
De ahí que la clase, como forma concreta de manifestación del trabajo
metodológico, tiene que estar en correspondencia con el Modelo del
profesional, teniendo en cuenta a quién va dirigida, cuáles son los
problemas profesionales a resolver, los objetivos del año a lograr, para