Perspectivas del cuidado: estrategias y sentidos en organizaciones socio religiosas

Perspectives of care: Strategies and meanings in Socio -Religious Organizations

Resumen

En el conurbano bonaerense, que comprende la zona periférica de la ciudad de Buenos Aires, las organizaciones socio religiosas son relevantes en las comunidades, debido a su gestión en asuntos vinculados a los cuidados de la primera infancia y el abordaje del consumo problemático de sustancias en jóvenes. Algunas de estas organizaciones, especialmente las católicas, actúan como mediadoras de programas estatales. Este trabajo se propone indagar comparativamente las actividades, los sentidos del cuidado, las estrategias de trabajo y las relaciones con el Estado a nivel nacional, provincial y/o municipal de organizaciones socio religiosas, evangélicas y católicas que intervienen en las problemáticas de consumo en el municipio de Moreno, en la provincia de Buenos Aires (Argentina), en 2023. Desde un abordaje cualitativo, se trabajó en un estudio de casos múltiples. Se evaluó cada caso desde la perspectiva de los coordinadores de las organizaciones, quienes accedieron a una entrevista en profundidad. Los datos recabados, se complementaron con técnicas de observación participante y revisión de documentos, para obtener un conocimiento más amplio y enriquecedor de las prácticas y actividades de estas organizaciones. Se pone de manifiesto que la organización católica y la evangélica investigadas, a pesar de que abordan la problemática del consumo de drogas en el mismo territorio y en sectores sociales similares, presentan diferencias en sus prácticas y en sus sentidos del cuidado.

Palabras clave: organizaciones socio religiosas, consumo de sustancias psicoactivas, cuidados, sentidos, Estado.

Abstract

In the Buenos Aires metropolitan area, which comprises the peripheral zone of the city of Buenos Aires, socio-religious organizations play a significant role in local communities due to their involvement in issues related to early childhood care and the response to problematic substance use among young people. Some of these organizations, particularly Catholic ones, act as intermediaries for state programs.This study aims to comparatively explore the activities, understandings of care, work strategies, and relationships with the State at the national, provincial, and/or municipal levels of socio-religious organizations—both Evangelical and Catholic—that address substance use issues in the municipality of Moreno, located in the province of Buenos Aires (Argentina), during 2023. Using a qualitative approach, a multiple case study was conducted. Each case was evaluated from the perspective of the coordinators of the organizations, who participated in in-depth interviews. The collected data were complemented with participant observation techniques and document analysis, in order to obtain a broader and more enriching understanding of the practices and activities of these organizations. The findings reveal that the investigated Catholic and Evangelical organizations, although working on drug use issues within the same territory and with similar social sectors, exhibit differences in their practices and in their understandings of care.

Keywords: Strategic planning, local public management, citizen participation, development, planning tool.

Dalma Milagros Farias1*

e-ISSN 2550-6587

Vol. 11 Núm. (1) pp. 56-66. Enero-Junio 2026

María Belén Aenlle1

https://doi.org/10.33936/rehuso.v11i1.7592

1Universidad Nacional de Moreno

*Autor de correspondencia.

Citación de este artículo: Farias, D.M. y Aenlle, M.B. (2026). Perspectivas del cuidado: estrategias y sentidos en organizaciones socio religiosas. ReHuSo, 11(1), 56-66. https://doi.org/10.33936/rehuso.v11i1.7592

Recepción: 31 de mayo de 2025

Aceptación: 01 de agosto de 2025

Publicación: 01 de enero de 2026

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional

Introducción

En Argentina, desde los años 80, las organizaciones sociales profundizaron sus intervenciones en relación a las manifestaciones de la cuestión social. Los momentos de crisis socio económicas señalan el surgimiento y la multiplicación de organizaciones sociales y socio religiosas, las que de diversas maneras implementan acciones de cuidado (Mallimaci, 2012; Ierullo, 2015). La década del 90 aceleró el crecimiento de estas organizaciones, que exhibieron diversas características y relaciones con el Estado. De Piero (2013) sostiene que las reformas neoliberales, centradas en la desregulación de los mercados, el “achicamiento” del Estado y la crisis de los partidos políticos, contribuyeron a este incremento. Durante la crisis económica, política y social de 2001, las organizaciones de asistencia intensificaron sus actividades, y surgieron (o resurgieron) organizaciones que, además de abordar necesidades inmediatas, también apostaban a la construcción política. A partir de 2003, las políticas económicas tendieron a reposicionar al Estado como eje del desarrollo. Así, la conformación de las demandas sociales ya no será del mismo tipo y tampoco las relaciones de las organizaciones con el Estado.

En las últimas décadas las organizaciones sociales, para llevar adelante acciones de cuidado, mantienen diferentes tipos de vinculaciones con el Estado. En ellas circulan multiplicidad de recursos materiales, humanos y simbólicos, como así también tensiones, conflictos y resistencias (Aenlle, 2021). Es así como las organizaciones sociales participan en la mediación entre los recursos del Estado y la atención de la población destinataria (Clemente, 2010). Mientras que en muchas de las organizaciones la relación es explícita, en aquellas de orientación religiosa esta dinámica puede pasar desapercibida para sus usuarios y para los mismos agentes. No solo las instituciones del Estado (Douglas, 1996), y sus agentes ejecutan de manera particular las políticas a nivel territorial, sino que también lo hacen las organizaciones que suelen llevar adelante los programas y/o las acciones de asistencia, gravitando así sus perspectivas de cuidados.

Históricamente, el concepto de cuidados ha tenido diversos significados y usos, y aunque en la actualidad sigue siendo un término polisémico, describe las actividades y prácticas sociales destinadas a asegurar la supervivencia básica de las personas a lo largo de sus vidas (Heller, 2011). Este concepto implica la producción de bienes y servicios, adaptando recursos materiales, sociales y simbólicos del entorno para satisfacer necesidades (Luxardo, 2008; Ceminari y Stolkiner, 2018). Las prácticas de cuidado no solo abordan necesidades inmediatas, sino que también se centran en la preservación y reparación de cuerpos, identidades y el entorno, esenciales para la vida (Tronto & Fisher, 2009). El cuidado implica connotaciones sobre quiénes deben cuidar y qué constituye un “buen cuidado”. Además, es crucial considerar las representaciones y creencias en el ámbito de los cuidados (Zibecchi & Donatello, 2020). Los significados y prácticas de cuidado son contextuales, influenciados por factores históricos, sociales, políticos y económicos, y adquieren relevancia según los intereses y necesidades de los involucrados (Acioli, 2005; De Ieso, 2015).

Por otro lado, la investigación sobre los emprendimientos evangélicos y católicos dedicados al tratamiento de usuarios de drogas ha sido limitada en las ciencias sociales (Comas Arnau, 2010; Algranti & Mosqueira, 2018). Algunos antecedentes relevantes son los trabajos de Miguez (2007) y Güelman (2017). En el ámbito de la gestión pública, se destacan las contribuciones de Carbonelli (2015, 2021). Del mismo modo, las iniciativas católicas también han sido insuficientemente exploradas, pero con algunos estudios relevantes como los de Azparren (2020) y Ferreyra (2022). Asimismo, se han analizado los posicionamientos de la Iglesia católica en relación con la despenalización de la droga (Cunial, 2016; Peña & Mariotta, 2021; Ferreyra, 2022a), y se han realizado comparaciones entre organizaciones evangélicas y católicas en términos de sus enfoques territoriales (Güelman & Azparren, 2017; Jones & Cunial, 2017).

En este artículo se plantean como objetivos describir el origen y desarrollo de las organizaciones seleccionadas, analizar sus abordajes, estrategias de trabajo y prácticas en respuesta a los jóvenes con consumo problemático, y explorar los sentidos del cuidado que emergen en esas prácticas.

Se espera contribuir al entendimiento de la dinámica de las organizaciones socio-religiosas y sus relaciones con el Estado, así como ofrecer perspectivas sobre el rol de estas organizaciones en la atención y cuidado de poblaciones vulnerables, destacando la importancia de los significados que subyacen en sus prácticas.

Metodología

Este estudio se realizó en el municipio de Moreno, una jurisdicción de 186,13 km2 de superficie, una población de 549.930 habitantes y una densidad de 2.954,55 hab/km2 (INDEC, 2022). Se eligió por sus características socio económicas y porque resulta de particular interés para la Universidad Nacional de Moreno, de la que son parte las autoras. El territorio contiene una vasta y heterogénea población, con sectores muy importantes en condiciones de pobreza. Paralelamente, se puede observar un complejo entramado de instituciones y organizaciones que intervienen en las problemáticas sociales, y algunas de ellas implementan políticas sociales. Este trabajo tuvo un enfoque cualitativo, “fundado en una posición filosófica que es ampliamente interpretativa” (Vasilachis, 2006: p. 25). Enfoque que se interesa en cómo el mundo social es experimentado y producido, privilegiando la profundidad sobre la extensión. Siguiendo a Neiman y Quaranta (2006) y a Stake (2013) se trabajó en un estudio de casos múltiples. Buscando comparar, con criterios definidos previamente, distintos casos para identificar similitudes y diferencias. La selección fue intencional, dos casos de un territorio con población heterogénea, con importantes porcentajes de pobreza, en el que está radicada la UNM, que se inscriben en diferentes tradiciones religiosas y que trabajan con varones jóvenes con consumo problemático de drogas.

Así, fueron escogidas dos organizaciones: Tiempo de Renuevo: Jesús es el camino (JC) y Hogar de Cristo Padre Maletti (HdC), la primera de orientación católica y la segunda evangélica. Se propuso recuperar y acercarse a estos casos desde las perspectivas de sus coordinadores Se entrevistó al coordinador de Tiempo de Renuevo: “Jesús es el camino” (JC), en junio de 2023, identificado como PC; y a la coordinadora del Hogar de Cristo Padre Maletti (HdC), nombrada TL, en julio de 2023. Weiss (1994) sostiene que una sola entrevista, complementada con otros instrumentos, puede permitir una exploración profunda del contexto, las experiencias y las perspectivas de los participantes. Por ello, además de las entrevistas semiestructuradas, se aplicó la técnica de observación participante en ambas organizaciones, abarcando tanto las instalaciones como las actividades cotidianas. También se realizó un análisis documental de fuentes institucionales, incluyendo reglamentos internos, programas de actividades, publicaciones impresas y publicaciones virtuales disponibles en redes sociales o sitios web. Las entrevistas se transcribieron y se organizaron en una matriz de datos cualitativa, en la que los objetivos de la investigación sirvieron como ejes organizadores. Cada caso se examinó en profundidad y luego se compararon entre sí. Esto permitió comprender y describir las prácticas de cuidado de las organizaciones, no como construcciones meramente teóricas, sino basadas en los sentidos y prácticas de sus actores en un territorio específico (De Leso, 2015).

Resultados

De la organización a la acción: surgimiento y actividades

Las organizaciones seleccionadas para este estudio son, en primer lugar, de origen católico, el Hogar de Cristo (HdC), parte de la parroquia “San Martín de Porres” del barrio Rififi en Moreno Sur, y, en segundo lugar, de orientación evangélica, el hogar que forma parte de la iglesia “Jesús es el camino” (JC), ubicado en la localidad de Francisco Álvarez, pertenecientes ambas al mismo municipio. Ambas instituciones surgieron como respuesta a problemáticas sociales que afectan a jóvenes y si bien las dos iglesias tienen más de un lugar de trabajo, han constituido el espacio destinado al primer contacto de los jóvenes con consumos problemáticos priorizando la ubicación cercana a las estaciones ferroviarias de Moreno y Francisco Álvarez, lo que facilita la accesibilidad al dispositivo comunitario.

En el caso del Hogar de Cristo, su constitución se remonta a 2017, cuando un nuevo párroco asume la conducción de la parroquia San Martín de Porres. Con el propósito de estructurar y organizar las actividades comunitarias, convoca a la actual coordinadora —Licenciada en Trabajo Social—. Entre las primeras acciones se destaca la elaboración de un proyecto institucional en convenio con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación Argentina, en el marco del Plan Nacional de Protección Social. A partir de allí, se conforma un equipo comunitario y uno profesional, sumando a trabajadores sociales y personas referentes de la comunidad.

En ese marco, realizan un relevamiento territorial en el que identifican el consumo problemático en jóvenes como una problemática central y este diagnóstico impulsa su incorporación al movimiento de Hogares de Cristo, referenciado en los curas villeros, y la creación del dispositivo local. Esta organización desarrolla múltiples líneas de acción destinadas al cuidado y la inclusión social. A través de su red de capillas, lleva adelante talleres de oficio

(panadería, costura, gastronomía, barbería, peluquería), formación laboral con títulos oficiales, microemprendimientos, dispositivos educativos y deportivos, servicios de asistencia alimentaria y un club parroquial. Además, gestiona seis hogares con internación, grupos ambulatorios, jardines comunitarios y centros educativos. Todas estas iniciativas se sostienen a través de convenios con programas estatales como Potenciar Trabajo, Potenciar Acompañamiento, Fines, Envión, Unidades de Desarrollo Infantil (UDI), UDI Deportes y Barrios Bonaerenses.

Por su parte, la organización “Jesús es el camino” nace en 2003 a partir de la preocupación del pastor por el consumo problemático en jóvenes del territorio. A diferencia del caso anterior, el hogar se conforma a partir del esfuerzo individual y comunitario de la iglesia. El pastor se muda a Francisco Álvarez y alquila una vivienda para alojar a varones jóvenes con consumos problemáticos. La estructura de trabajo es sostenida con recursos materiales y humanos provenientes de la propia congregación. Si bien están inscriptos en la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (SEDRONAR), no mantienen vinculación activa con sus programas ni con otros niveles del Estado.

El pastor, identificado como PC, expresa que evita vincularse con la política para mantener su rol pastoral “apolítico”, debido a la diversidad ideológica de su comunidad religiosa, compuesta por cientos de personas. “Yo tengo que ser apolítico. Yo estoy para ayudar a la gente. Tengo gente acá que militan política, pero no traen la política”. Igualmente, señala que involucrarse con figuras políticas implicaría compromisos que podrían afectar su misión de ayuda espiritual.

Esta organización aloja a unos veinte jóvenes varones, y si bien existe la intención de abrir un espacio similar para mujeres, se reconoce la complejidad de dicho desafío. Como alternativa, se realizan encuentros semanales con aproximadamente cuatrocientas mujeres, organizadas en grupos temáticos, guiados por líderes religiosos. También se brinda “contención” a mujeres víctimas de violencia y se abordan situaciones de abuso y maltrato infantil. Además, se gestionan treinta merenderos que alcanzan a unos ochocientos niños.

Ambas organizaciones, desde perspectivas religiosas distintas, desarrollan acciones destinadas al cuidado de varones jóvenes con consumos problemáticos. Sin embargo, se diferencian en el modo en que articulan o no con políticas públicas, en la profesionalización de sus equipos y en el grado de institucionalización de sus prácticas. Esta comparación permite identificar los sentidos del cuidado construidos por cada espacio, en diálogo con sus trayectorias institucionales, experiencias territoriales y concepciones religiosas.

Pensando el cuidado: Estrategias de trabajo y prácticas organizacionales

Para lograr una comprensión más profunda de los sentidos, significaciones e interpretaciones sobre cuidados resulta fundamental reconocer que estos se configuran y reconfiguran en la interacción social y que orientan la acción. Desde esta perspectiva se hace relevante el análisis de las prácticas de las organizaciones socio religiosas en relación con el consumo problemático, tanto en el ingreso como en la permanencia y tratamiento de los jóvenes. En el HdC, el ingreso se denomina “Primera Etapa”. Los jóvenes llegan al hogar desde centros barriales, por medio de personas conocidas o mediante derivación de SEDRONAR. Sobre el ingreso la entrevistada señala que: “Es abrazar, no tenemos muchos requerimientos para recibir a un pibe, te venís a internar y pedir ayuda te recibimos. Después vemos que hay atrás de esa vida” (TL). En caso de que la persona así lo decida, tiene la opción de permanecer en el hogar; de lo contrario, puede optar por unirse a un grupo ambulatorio. En ambas situaciones, establecerán conexiones con trabajadoras sociales y “acompañantes pares” (personas que están en la etapa final del tratamiento y deciden asistir a quienes lo estén transitando). El enfoque de trabajo implica una interacción cercana y directa, operando en un nivel de contacto “cuerpo a cuerpo”.

La segunda etapa del proceso implica pasar a trabajar en una granja durante tres meses. Dado que no cuentan con un espacio propio para esto, se trasladan a una granja perteneciente a los Hogares de Cristo en La Matanza (otro municipio de la provincia de Buenos Aires) y regresan posteriormente para dar continuidad al proceso. Durante este período, hay un contacto reducido con el entorno exterior, ya que se aplican los doce pasos de Narcóticos Anónimos. Cabe destacar que el HdC no sigue el modelo de comunidad terapéutica, opera como un espacio de puertas abiertas. Además, los jóvenes participan en diversas actividades parroquiales durante el día como parte de su compromiso y del “hacer servicio”. Esta organización cuenta con un equipo profesional que incluye diez trabajadoras sociales, una

psicóloga, una psicóloga social, y ocasionalmente, la colaboración de una psiquiatra. Observan la dificultad de encontrar profesionales en salud mental con una perspectiva comunitaria y experiencia en entornos terapéuticos grupales. Sin embargo, destacan que, aunque la profesionalidad es importante, no es el aspecto central, sino más bien la fe.

“Para nosotros, la fe es sostén cotidiano del grupo de jóvenes, sostén de cada uno de los pibes de los hogares y la fe para nosotros es central [..] Es parte del proceso de recuperación. De hecho, el fin de semana tuvimos un retiro espiritual, de todas las casas. Van a misa en la semana, tenemos grupos de espiritualidad…” (TL).

A diferencia de una comunidad terapéutica, en el HdC no existe un proceso formal de egreso. En su lugar, cuentan con una “casa de quinto umbral”, donde los jóvenes tienen la opción de decidir permanecer y trabajar durante el día, ya sea dentro de la estructura de la organización o en empleos externos.

“Que es el pibe que sigue laburando, que tiene su vida fuera, que viene a la noche a dormir y que encuentra ahí todavía la familia con la que se puede seguir haciendo tratamiento, pero tienen su vida afuera. Si hay familia los fines de semana se van a la casa de su familia, a veces no hay familia, entonces se quedan con nosotros” (TL).

Asimismo, plantean la iniciativa de mantener contacto constante con aquellos que optan por abandonar el tratamiento en cualquier fase o que han llegado al quinto umbral. Este seguimiento tiene como objetivo reducir la posibilidad de recaídas. Una de las estrategias para lograrlo es a través de un grupo de WhatsApp, donde realizan la oración diaria, comparten el lema “solo por hoy” y expresan sus estados emocionales. Consideran de vital importancia reunirse al menos cada quince días para “poner en palabras” lo que están experimentando, ya que la incapacidad para expresar las emociones es comúnmente un precursor de las recaídas.

En contraste, en JC el primer paso con los jóvenes con problemas de consumo es, en palabras de PC, “sacarlos del entorno” y “separarlos así de la influencia, donde él se drogó”, “aislarlo de ese lugar para poder darle contención”. Posteriormente, se procede a realizar un diagnóstico y una evaluación para abordar aspectos como, el entorno, la familia, los amigos y el acceso a las drogas. El diagnóstico que desarrolla el pastor y sus voluntarios o “células de contención” determina el nivel de adicción y en base a él se efectúa un resumen de los aspectos vinculares, y se comienza el trabajo. La labor de las “células de contención” es crucial para el proceso que se dispone desde este espacio.

“Sí mantenemos las células de contención en las casas, donde las personas tienen problemas, vamos una vez por semana a hacer un trabajo espiritual sobre la familia. Para unir la familia. Es muy funcional. Como poder poner la fe en ese lugar” (PC).

El tratamiento abarca un periodo de uno a un año y medio, se fundamenta únicamente en la fe, adoptando un enfoque “psicológico-espiritual” con el propósito de “sanar el corazón” y lograr una “sanidad interior”. El objetivo es alcanzar el perdón, especialmente debido a las experiencias de maltrato, abuso y violencia vividas por muchos de los jóvenes antes de ingresar al Hogar. Además, se enfoca en el desarrollo y fortalecimiento de su carácter.

“Trabajamos, por ejemplo, sabiduría interior, que habla de la raíz de amargura, del perdón, de todo lo que es la problemática psicológica de la persona llevarlos a la fe. Por ejemplo, nosotros donde más trabajamos es sobre el perdón que es lo que más le cuesta a la gente es perdonar” (PC).

En este enfoque de tratamiento, centrado en el “carácter”, se aborda el trabajo con principios vinculados a la “hombría” (Trabajan únicamente con hombres) y a diversos valores que desempeñan un papel central del tratamiento. Se realizan clases diarias de dos horas, donde se presentan tres o cuatro “principios” con el propósito de que los participantes incorporen al menos uno de ellos: “Ponele que tomen uno en el mes, tienen cuatro principios en el año. Ya son hombres con principios, lo que falta en los colegios son principios”. (PC)

Durante su estadía en el hogar, los jóvenes participan en cursos de construcción, electricidad, construcción en seco y plomería, ofrecidos por la Unión Obrera Metalúrgica de la República Argentina. Al completar el tratamiento, la organización se esfuerza por facilitarles oportunidades laborales a través de contactos dentro de la iglesia, y también procura que establezcan relaciones con mujeres que formen parte de la misma comunidad evangélica.

“Con una chica de la Iglesia para que le dé contención y formar una familia. Y después se casan y siguen viniendo a la iglesia. Esa es la, como la dinámica que tenemos [...] El problema de la gente mayor en la recuperación es el post. Es más difícil. Con un joven le armamos una familia, un trabajo y tienen un sueño, tiene una visión y tienen un propósito en su vida” (PC).

Las organizaciones socio religiosas establecen diversas conexiones que facilitan el acceso a recursos tanto institucionales como comunitarios, mientras desarrollan sus propias estrategias y lógicas de trabajo que fomentan la creación de vínculos y generan un sentido de pertenencia para sus miembros. Se observan diferencias en las estrategias de ingreso, permanencia y egreso de los jóvenes. Aunque ambas organizaciones enfatizan la importancia de la fe en el tratamiento, el HdC se distingue por la inclusión de profesionales de diversas disciplinas.

Otra cuestión importante es la apertura hacia lo comunitario y la articulación con otros actores sociales ya que no constituyen meramente decisiones operativas, sino formas de construir significación sobre el proceso terapéutico de los jóvenes. Estas formas de intervención permiten diferenciar entre proyectos centrados en el trabajo en lo individual desde la formación del carácter y la personalidad, y los que proponen abordajes situados en diálogo con los territorios. En este sentido, las estrategias de cuidado no solo están atravesadas por la religiosidad, sino también por el modo en que cada organización se posiciona frente a lo comunitario. Mientras una organización reproduce una lógica más cerrada, la otra se abre a vínculos interinstitucionales, lo que posibilita prácticas más integrales. Esta distinción resulta clave para comprender los modos de las estrategias y las prácticas de cada organización.

Se observó que el espacio de JC, aunque se asocia de alguna manera con la idea de servir a la comunidad, tiende a cerrarse en sí mismo, manteniendo sus actividades y formas de cuidado desarrolladas principalmente por sus mismos miembros. El pastor manifiesta que trabaja en los barrios y cuenta actualmente con un total de treinta merenderos infantiles, que funcionan a partir de la articulación de voluntarios de la iglesia. Uno de los objetivos de este trabajo también es poder sembrar la fe, llevando a cabo una actividad semanal centrada en fortalecer la dimensión espiritual de la familia. Como expresó el entrevistado: “Para unir la familia. Es muy funcional. Nosotros trabajamos por la fe, esa es nuestra manera” (PC). De esta forma la relación con lo comunitario se percibe limitada, principalmente a través de los voluntarios de la iglesia, sin recurrir a ningún actor externo a ella. Con el propósito de una concurrencia al espacio religioso y el objetivo de poder restaurar los lazos familiares de los jóvenes con problemas de consumo y mejorar las relaciones con sus familias y otros miembros de la comunidad evangélica que no están directamente afectados por dicha problemática.

Mientras que, el HdC expresa que la relación con la comunidad es constante para poder identificar las problemáticas de los jóvenes y contribuir en los procesos de recuperación. Aborda la problemática enfrentándose al desafío de reflexionar sobre el tratamiento de manera más amplia, adoptando una perspectiva integral, involucrándose con distintos actores sociales. Considerando diversas dimensiones del problema, reconociendo entre otras, la cuestión habitacional como un componente significativo.

“Lo habitacional es un problema, por eso tiene que ser una mirada muy integral la problemática, porque el consumo atraviesa lo habitacional, lo socioeconómico y educativo, las cuestiones de salud [...] Hay que trabajar un montón de otras circunstancias que tienen que ver también con la calidad de vida que llevan adelante y con las condiciones de vida que tienen, sus casas, en su barrio” (TL).

Es por ello, por lo que la complejidad de los egresos emerge como el principal desafío del tratamiento, evidenciando disfunciones en las estructuras familiares, tanto tradicionales como no tradicionales. Aspectos como la persistente pobreza estructural, la ausencia de contención en los espacios sociales, la estigmatización y la pérdida de hábitos aprendidos se entrelazan en esta problemática.

En torno a la dimensión de los cuidados aparece un señalamiento constante referido a la noción de familia tradicional “A nosotras nos dicen mamá. que tiene que ver con esto, con reparar una cuestión más de cuidado, es algo que las pibas y los pibes no han tenido como experiencia, entonces difícilmente lo puedan replicar” (TL). En el mismo sentido aparece como relevante la figura de la “Madraza”:

“Es la mirada de acompañamiento, se tiene que lavar los calzones y así, se fija si están limpios, si se cortaron el pelo, si están afeitados, si lavaron la ropa, si los recursos que se les deja semanalmente para cocinar los están utilizando bien y no se está derrochando comida para tirar, si no se están derrochando recursos, es la que tiene la mirada en todo, como cualquier madre, madre o padre. Que es jefa de familia” (TL).

De igual forma, el pastor refuerza esta perspectiva al atribuir el cuidado a la noción de que el hombre es el líder y protector de la familia. En consecuencia, se enfatiza la importancia de que los jóvenes aprendan “cómo ser un hombre”, lo que refleja una visión tradicional de roles de género y responsabilidades familiares.

“Ella (refiriéndose a su esposa) me ayuda mucho porque con el tema de la cocina, ella le ayuda a cocinar a los chicos, le enseña. Hacemos de papá y mamá, porque la orfandad que tienen esos chicos es muy grande. Entonces ellos ven en nosotros un modelo de familia” (PC).

Estas experiencias permiten reconocer tanto los aportes como las limitaciones de estas organizaciones, que logran tejer sentidos y pertenencias que habilitan procesos de transformación pero que, al mismo tiempo, sus lógicas pueden reproducir ciertos esquemas tradicionales (de familia y/o género) que tensionan las prácticas transformadoras que proponen. A pesar de ello, su capacidad de generar entornos significativos para quienes atraviesan situaciones de consumo problemático las posiciona como actores clave en los abordajes en contextos de vulnerabilidad. Destacando que el cuidado se configura como una práctica donde el recibimiento, la guía y la contención no responden solo a una lógica profesional, sino a una presencia sostenida que se nutre de la espiritualidad y del compromiso afectivo que se genera con la población que asiste a estos espacios.

Discusión

Sentidos del cuidado en las organizaciones socio religiosas

Las organizaciones socio religiosas católicas, desde sus inicios, han mantenido vínculos con el cuidado de enfermos y niños, entre otros, abordando estas prácticas desde una perspectiva de caridad y bajo la lógica de la salvación (Castel, 1997). Sin embargo, la visibilización y el tratamiento de la problemática del consumo dentro de esta institución es un fenómeno relativamente reciente. La Iglesia católica en Argentina ha buscado influir en la no aprobación de la legalización de la droga y desde 2008, los HdC se han convertido en un dispositivo importante de intervención en las problemáticas sociales. Mientras que las iglesias evangélicas, de acuerdo con sus orientaciones, se han ido integrando de manera gradual en el trabajo en lo social, otorgando prioridad a las intervenciones con detenidos en penales y cárceles y a jóvenes con consumo de drogas (Algranti, 2010).

Actualmente, estas organizaciones responden activa y comprometidamente a demandas sociales a través del ejercicio del cuidado, que pensado en estos espacios implica considerar el concepto en el contexto de un entramado social complejo (Rodríguez Enríquez, 2021). Los términos cuidar y cuidados en las últimas décadas se configuraron como una categoría teórica relevante para analizar y visibilizar procesos sociales contemporáneos. Haciéndose necesario abordarlos desde un análisis situado y microsocial, considerando las perspectivas de los actores y los sentidos que construyen en sus prácticas (Zibecchi & Donatello, 2020; De Ieso & Clemente, 2024). Este trabajo recupera dicha mirada al analizar las estrategias cotidianas, los vínculos construidos y las concepciones que orientan la acción en dos organizaciones socio religiosas que intervienen en el consumo problemático de sustancias.

Las organizaciones analizadas destacan la contención y la convivencia diaria, el cuidado se resignifica como un proceso cotidiano de acompañamiento (Favero Avico, 2021; Sierra, 2023). Si bien el ingreso es abierto, está limitado por la capacidad de albergar a jóvenes afectados por la problemática del consumo, debido a que el enfoque de abordaje de las organizaciones analizadas requiere una atención singular atribuida al trabajo “cuerpo a cuerpo” y a la posibilidad de generar vínculos con quienes reciben el cuidado. Uno de los elementos emergentes relevantes de esta forma de abordaje está ligado a la fe, que opera como un soporte emocional, afectivo y social.

Por otro lado, las características del cuidado se encuentran estrechamente vinculadas con la figura femenina y al sentido familiar. El estudio demuestra cómo ambos espacios reproducen modelos tradicionales de género en la asignación de roles, la mujer como “madraza” cuidadora y el varón referenciado a el rol del pastor que enseña principios de “hombría” desde la masculinidad tradicional. Es decir, las prácticas de cuidado se amoldan a las características asociadas al género (Laguna Maqueda, 2023).

Asimismo, se observa que muchos de los jóvenes con los que trabajan carecen de una estructura familiar funcional, o simplemente no cuentan con una. En estas circunstancias, los hogares se convierten en las principales redes de apoyo y adoptan el rol de “familia sustituta”. Este enfoque posibilita analizar dos aspectos importantes. En primer lugar, resalta cómo los cuidados adoptan un sentido familiarista, donde la familia sigue siendo un referente central en la comprensión de las dinámicas del cuidado. En segundo lugar, evidencia cómo la familia ha perdido su capacidad protectora generando un creciente sentido de desamparo entre estos jóvenes, quienes experimentan la ausencia de cuidados y la fragmentación del tejido social.

En los relatos de el HdC y de JC estos espacios son descritos como donde se “encuentra familia” y se “recupera el propósito”. La fe, en este marco, no aparece solo como creencia, sino como práctica que sostiene el vínculo y habilita procesos de transformación. No obstante, también se pueden identificar ciertas tensiones limitantes en las formas en las que aparece el cuidado. En estas representaciones se pueden restringir ciertos sentidos del cuidado al encorsetarlos en lógicas normativas de modelos de familia, masculinidad y heterosexualidad. En el caso de JC, por ejemplo, el egreso exitoso se vincula con la conformación de una pareja heterosexual dentro de la comunidad evangélica, reforzando un modelo familiar específico como el anclaje de la recuperación.

Para analizar los cuidados hay que tener en cuenta la distribución desigual de las responsabilidades relacionadas, la influencia de factores macrosociales, las políticas estatales, las dinámicas familiares, los mercados y las organizaciones comunitarias, junto con los aspectos microsociales vinculados a las prácticas cotidianas.

La comparación entre las organizaciones investigadas denota que el sentido del cuidado se encuentra atravesado por su grado de articulación de lo individual, comunitario y lo estatal. Mientras que el HdC articula con políticas públicas, profesionales y redes barriales, JC despliega sus intervenciones en los recursos internos de la comunidad evangélica. Este contraste permite pensar el cuidado como una práctica situada, moldeada por la historia institucional, la dimensión religiosa y la forma en que cada organización se posiciona ante el Estado y la comunidad (Kornblit et. al., 2024).

Cuando el abordaje está menos vinculado a lo colectivo el Estado no aparece como mediador, de modo contrario, cuando se ponderan las relaciones comunitarias sí están presentes las mediaciones estatales. Se observa que las organizaciones estudiadas tienden a reemplazar o compensar funciones que el Estado no garantiza, funcionando como “familias extendidas” o redes de sustitución. En este sentido, no participan de la redistribución del cuidado en sentido clásico, sino que asumen la tarea desde una lógica de reparación y contención afectiva.

Los hallazgos empíricos muestran que el cuidado en estas organizaciones se configura como una práctica, que desborda el plano estrictamente técnico o profesional y se enraíza en vínculos afectivos, simbólicos y espirituales, generando pertenencia, sentidos y continuidad de las intervenciones en contextos de exclusión social. De este modo, el estudio aporta una mirada al campo de los cuidados en contextos de consumo problemático, al visibilizar las formas en que lo religioso estructura la cotidianidad del acompañamiento. Lejos de una mirada homogénea, se destacan las diferencias en los sentidos atribuidos al cuidado según el marco doctrinario, las trayectorias institucionales y las prácticas de trabajo. Al hacerlo, se contribuye a ampliar el enfoque sobre el cuidado, integrando prácticas espirituales y comunitarias que suelen quedar por fuera de los abordajes tradicionales.

Conclusiones

El objetivo de este trabajo fue indagar en el origen y desarrollo de dos organizaciones socio religiosas, una evangélica y otra católica, que intervienen en la problemática del consumo de drogas entre los jóvenes en el partido de Moreno, provincia de Buenos Aires (Argentina). Asimismo, se propuso analizar sus abordajes, estrategias de trabajo y prácticas en respuesta a la problemática, y explorar los sentidos del cuidado que emergen en esas prácticas.

El aporte significativo de este estudio radica en la identificación de las diferencias y similitudes en las prácticas y sentidos sobre los cuidados de las organizaciones analizadas. Ambas operan en ubicaciones estratégicas cercanas a estaciones ferroviarias y comparten la centralidad de la fe en sus intervenciones con los jóvenes.

Sin embargo, existen divergencias en cuanto a la estructura organizativa, el modelo de cuidado y la relación con el Estado. El HdC adopta un enfoque más integral, con un equipo multidisciplinario que intervienen en el tratamiento, sumado a una institucionalidad de “puertas abiertas”. Por otro lado, en la organización evangélica JC, el liderazgo pastoral es preponderante, y no se contempla la participación de profesionales en el tratamiento. Sin embargo, el pastor refiere su propio trabajo desde la perspectiva de la “psicología espiritual”.

Además, se opta por un modelo cerrado que involucra exclusivamente a los miembros de su propia comunidad. En términos de relación con el Estado, el HdC establece múltiples vínculos a través de programas sociales, no sucede lo mismo con JC que prefiere mantener una distancia entre “religión y política”, considerando a la iglesia como una fuente de recursos autónoma.

En cuanto a la dinámica y sentidos de cuidado, se observa que en el HdC se enfatiza el acompañamiento integral de los jóvenes en su proceso, pese a trabajar fundamentalmente con jóvenes varones, la figura de la mujer en el cuidado prevalece, y la encargada de cada hogar es llamada “madraza”. El cuidado se relaciona con el “acompañar la vida como viene”, acompañar a “heridos” y “rotos”, cuidando y enseñando a cuidarse y a cuidar.

Mientras que en JC, el pastor es el que lleva adelante el hogar, y el desarrollo de la “hombría” de los jóvenes es parte importante del tratamiento. Cuidar es contener y “llenar” de valores, principios y hombría a los jóvenes que llegan “vacíos”. En cuanto al egreso, en JC se subraya que hay muchas recuperaciones y la estrategia es intervenir para que la contención ya no sea el Hogar sino la iglesia, el trabajo y la familia. Trabajo y familia que tratan de asegurar desde los mismos miembros de la iglesia, favoreciendo incluso la formación de parejas entre los jóvenes recuperados y mujeres de la iglesia. Mientras que en el HdC se enfrentan a desafíos para la reinserción de los jóvenes, para su vivir fuera del Hogar. Se habla menos de recuperación y más de las dificultades que implica. Los jóvenes tienen la opción de permanecer en el hogar o no, pero se considera crucial mantener las estructuras que se internalizan en el tratamiento, preferentemente a través de encuentros presenciales y, en su defecto, virtuales, con el fin de facilitar una mayor frecuencia de interacción.

Los resultados ponen de manifiesto que estas organizaciones presentan diferencias en prácticas y sentidos del cuidado, a pesar de que abordan la problemática del consumo de drogas en el mismo territorio y en sectores sociales similares.

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Declaración de financiamiento

La presente investigación fue financiada mediante becas de investigación otorgadas por organismos estatales de ciencia y técnica de la República Argentina. María Belén Aenlle es becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y Dalma Milagros Farías es becaria de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la Provincia de Buenos Aires.

Las autoras agradecen a las organizaciones participantes en el estudio por su apertura y colaboración, así como a las instituciones que, mediante el otorgamiento de becas, han posibilitado la realización de esta investigación.

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Contribución de los Autores

Autores

Contribución

Dalma Milagros Farias

Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Investigación, Metodología, Administración del proyecto, Validación, Redacción - borrador original y final.

María Belén Aenlle

Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Investigación, Metodología, Administración del proyecto. Redacción - borrador original y final